Durante todo el tiempo que duró la grabación, Nelson permaneció con los brazos cruzados, con la mirada clavada fijamente en un punto vacío, en un silencio sepulcral.
—¡Ay, este Jaime es demasiado travieso! —Yadira se puso de pie de un salto, fingiendo indignación—. ¡Ahorita mismo voy a disculparme con Ivana en nombre del niño!
Normalmente, esa táctica de hacerse la víctima y dar el primer paso para disculparse le daba buenos resultados.
Pero hoy, Nelson no mostró la más mínima reacción. Su postura seguía rígida, como si fuera una estatua de hielo.
Ese silencio asfixiante empezó a ponerle los nervios de punta a Yadira.
—Nelson, ¿estás enojado? Pero si Jaime apenas tiene cuatro añitos, ¡está en la edad de hacer travesuras! ¡Te aseguro que no lo hizo con mala intención!
Finalmente, Nelson reaccionó.
—No hace falta que vayas. Jaime es solo un niño, no sabe lo que hace.
Yadira soltó un suspiro de alivio imperceptible, pero la siguiente frase de Nelson hizo que el corazón se le subiera a la garganta.
—...Porque los que cometieron el error fueron los adultos, ¡por no cumplir con su maldita responsabilidad de vigilarlo!
Yadira se puso pálida. Sabía perfectamente que Nelson le estaba lanzando esa indirecta a ella.
De pronto, Nelson presionó el botón del intercomunicador y le ordenó a su asistente que llamara de inmediato al personal de enfermería encargado de la habitación 609.
Yadira apretó con fuerza el asa de su bolso. Su sonrisa se volvió tensa y nerviosa.
—Ya que tienes asuntos de trabajo que atender, ¡mejor me retiro y te dejo solo!
Nelson por fin levantó la vista para mirarla a los ojos.
—No hace falta. Quédate sentada exactamente donde estás.
Yadira se sintió acorralada, pero no se atrevió a mover ni un músculo.
En cuestión de minutos, el personal médico responsable llegó a la oficina. Era evidente que no tenían idea de lo que estaba pasando y se miraban confundidos entre sí.
Nelson apoyó ambas manos entrelazadas sobre el escritorio. Su mirada profunda y calculadora barrió a los presentes antes de hablar con un tono escalofriante:
—Si estuviéramos en un hospital público y un paciente abandona las instalaciones sin autorización por más de veinticuatro horas, se tramita su alta automática. Pero el paciente de la 609 es un caso especial.
—Les di instrucciones claras y directas de que debían vigilarlo de cerca. Especialmente con este clima tan helado, el niño no debía salir. Entonces, ¿alguien puede explicarme por qué el paciente salió ayer del hospital?

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