Adán la miró con el corazón hecho un nudo. Después de una larga y conflictiva pausa, finalmente cedió.
—Voy a cubrirte esta vez, pero no vuelvas a molestar a Ivana.
Un destello de triunfo brilló en los ojos de Yadira.
—¡Sabía que eras el mejor conmigo, Adán!
A Adán se le cortó la respiración. La última frase de ella pareció quemarle, y las palabras que había guardado por años estuvieron a punto de salir, pero al final solo dijo:
—Me tengo que ir.
—¡Gracias! —respondió Yadira con una sonrisa de alivio.
No era tonta, claro que se había dado cuenta de los sentimientos de Adán por ella. Lo notó desde la época de estudiantes: esos ojos que solo se iluminaban cuando ella aparecía, para luego apagarse rápidamente.
Que alguien estuviera enamorado de ella en secreto la hacía sentir un poco especial. Al mismo tiempo, le encantaba la actitud silenciosa y contenida de Adán, porque así podía fingir que no sabía nada y aprovecharse de su afecto sin remordimientos.
***
A la mañana siguiente, Ivana se despertó y, por instinto, buscó su celular para ver la hora, pero se dio cuenta de que todavía estaba apagado.
Cuando intentó levantarse a buscar el cargador, sintió una mano sobre ella.
Se giró y, como era de esperarse, vio a Nelson.
«¿No fue a correr? ¿O ya regresó? Entonces, ¿qué hora es?», pensó.
Ivana apartó bruscamente la mano de su cuerpo.
Nelson abrió los ojos de inmediato y se incorporó lentamente.
—¿No quieres dormir un poco más?
Ivana no respondió. Se dedicó a buscar el cargador y a conectar su celular.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado