—¿Quién llama? Diles que esperen, ¡todavía no termino de vestirme!
Yadira todavía sostenía el celular, pero la llamada se cortó de repente.
Ella sonrió y, con total naturalidad, borró el registro de llamadas.
En ese momento, Nelson terminó de cambiarse y se acercó mientras se ajustaba la corbata.
—¿Quién era?
Yadira le devolvió el celular.
—¡Los del seguro del carro!
Nelson no le dio importancia. Justo cuando iba a echar un vistazo por costumbre, Yadira lo tomó del brazo y lo arrastró hacia afuera.
—¡Apúrate! Ya casi es la hora, ¡tengo que cortar el pastel!
Así, Nelson fue llevado al salón principal.
***
Después de marcharse a toda prisa, Ivana encontró una ventana entreabierta y se detuvo junto a ella.
Ya se sentía mal, y cuando Yadira mencionó a su padre, sus emociones se agitaron violentamente de nuevo.
Esa sensación de náuseas, como si quisiera vomitar, regresó.
No podía soportarlo más. Ni el aire frío ni el sabor ácido que intentaba tragar lograban calmar las arcadas.
Justo en ese momento, un mesero pasó a su lado.
Ivana lo detuvo.
—Disculpe, ¿dónde está el baño?
El mesero se dio la vuelta, con la cabeza ligeramente inclinada.
—Por aquí, señorita, yo la llevo.
Ivana se presionó ligeramente el pecho, tratando de reprimir las náuseas, y lo siguió a paso rápido.
El mesero vestía el mismo uniforme oscuro que los demás, y la insignia en su cuello llevaba el logo del hotel.
Sin embargo, su forma de caminar era un tanto extraña.
Pronto, la guio por un pasillo más oscuro y profundo.
A diferencia del salón principal, brillantemente iluminado, este lugar era notablemente más sombrío, con paredes de madera oscura y marcos de espejo antiguos incrustados.
Los espejos reflejaban sus siluetas, una detrás de la otra.
Ivana se sentía tan mal que estaba a punto de preguntarle cuánto faltaba.
—Señorita, es justo aquí.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado