—Seguramente alguien pagó para que te atacaran en línea. No te preocupes, veré si puedo averiguar quién está detrás de todo esto.
Ivana no sabía cómo agradecerle.
Silverio le dio una palmada en el hombro y sonrió.
—Tú solo concéntrate en trabajar bien, demuestra tu talento y, de paso, échale un ojo a mi problemática hermanita. ¿Con eso basta, no?
Ivana suspiró, sintiendo un gran alivio.
Después, Silverio se ofreció a llevarla a casa, pero Ivana se negó con una excusa. Realmente temía causarle problemas por su culpa.
***
En un bar, Nelson estaba sentado frente a un enorme ventanal. Su mano descansaba en el borde de la mesa, y sus dedos largos y delgados tamborileaban con impaciencia, un gesto que revelaba una elegancia contenida.
Era un hombre que no malgastaba sus emociones, proyectando esa eficiencia y distanciamiento propios de un ejecutivo de ciudad.
Federico, tras resolver un asunto con unos amigos, se acercó a él.
—La demanda de divorcio de tu esposa ya fue retirada.
Nelson soltó un ligero «mm», con la mirada perdida en los peatones que pasaban abajo, como si sus pensamientos estuvieran muy lejos.
Federico tenía otras cosas que hacer, pero al verlo así, comentó:
—¿No estás contento? Parece que de verdad esperabas divorciarte. ¡Pues adelante, divórciate!
La mano de Nelson, que jugaba con su copa, se cerró con fuerza. Se giró y le arrebató la bebida a Federico.
—¿Desde cuándo te volviste tan metiche?
Federico no tuvo más remedio que pedir otra copa.

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