La niña tenía la piel amarillenta y era muy delgada. La ropa le quedaba algo grande, pero tenía estampadas un par de adorables orejas de gato azules.
A su lado, la mujer que la acompañaba, probablemente su madre, llevaba una bolsa de tela.
—Tengo desayuno aquí, ¿quieres un poco? —La niña le ofreció un recipiente.
Era un viejo recipiente de acero inoxidable, plateado y con una textura ligeramente mate, cuya tapa encajaba a la perfección.
Solo entonces Ivana se dio cuenta de que las pocas personas que había en el vagón la miraban disimuladamente. Quizás había estado llorando de forma muy desconsolada.
Se sintió un poco avergonzada y se secó las lágrimas rápidamente.
—Muchas gracias, pero no tengo hambre.
Con esas palabras, empujó suavemente el recipiente que la niña le ofrecía.
Aunque se había secado las lágrimas, su voz aún sonaba entrecortada.
La madre de la niña sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo ofreció, diciendo en voz baja:
—Oye, ¿estás bien? ¿Te sientes mal?
Al escucharla, a Ivana se le apretó la garganta otra vez. Eran simples extrañas, pero esa inesperada amabilidad tocó la herida más profunda de su corazón.
Las lágrimas brotaron sin control, y se apresuró a secarlas con el pañuelo.
—¡No llores, cómete un dulce y se te pasará! ¡Tengo mucha experiencia en esto!
Aunque la niña era delgada, tenía unos ojos grandes. Sacó un caramelo de frutas de su bolsillo y se lo dio.
Esta vez, Ivana lo aceptó. El dulce sabor a fruta en su boca era increíblemente dulce.
—¡Gracias!
El tren llegó de nuevo a una estación. La voz mecánica anunció la parada y un grupo de pasajeros se levantó para salir.
La madre y la hija también habían llegado a su destino. Intentaron levantarse, pero dudaron un momento y miraron a Ivana.
—Joven, en la vida no hay obstáculo que no se pueda superar. Si algo te preocupa, llora. Desahogarse ayuda. Pero por favor, no te cierres ni pienses en hacer una tontería.
Ivana entendió entonces que temían que intentara quitarse la vida.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado