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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 102

—Señora, la verdad es que el señor Zavala todavía se preocupa mucho por usted —añadió Lionel en voz muy baja.

El buen humor que Ivana sentía se desvaneció con esa frase. Respondió con frialdad:

—Entonces, ¿por qué no lo siento?

Si una persona es amada, ¿realmente es posible no sentirlo?

Lionel se sintió un poco perdido con su pregunta y, sin pensar, dio un ejemplo.

—La otra vez que se puso hasta atrás en el antro, el señor Zavala fue por usted. Usted ni se imagina: se puso mal y él se quedó ahí, cuidándola y arreglándole todo.

Lo hizo con una paciencia rara en él, con ese cuidado de no lastimar ni con el aire.

A él se le apretó el pecho de verlo. Aquello no era un cuidado ordinario.

Se tardó un buen rato nomás acomodando el asiento. Lo subía, lo bajaba, pensando en que estuviera bien y no se fuera a poner peor. Lo ajustó una y otra vez.

Ivana solo soltó una risita.

—No se haga ideas. Solo fue un ataque de su trastorno obsesivo-compulsivo.

Recordó el invierno de su primer año de casados. Estuvo resfriada por un tiempo.

Pero a la hora de la cena, se obligó a levantarse de la cama para llevarle comida a Nelson.

Cuando llegó a la entrada, Nelson regresó, con copos de nieve sin derretir sobre sus hombros. Su mirada fría se posó en ella y en el recipiente de comida que llevaba en la mano.

Ivana asintió, aturdida, y se dio la vuelta para regresar.

Pero Nelson la detuvo, frunciendo el ceño al mirar sus pies. Traía los calcetines al revés, sin darse cuenta.

Él se arremangó y le quitó los calcetines, los volteó y se los volvió a poner.

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