—No es solo Elena —aunque fuera Jimena, si algún día quebrantara la ley, yo también tendría que hacer lo correcto, aunque eso signifique actuar contra mi propia familia.
...
Mientras tanto.
Melisa y Carolina se subieron a la moto.
Carolina, sentada atrás, observó de reojo el semblante de Melisa y preguntó:
—¿De verdad la vas a dejar ir a la cárcel? Meli, eso no va contigo.
Melisa ladeó la cabeza y le echó una mirada a Carolina.
—Entonces, dime, ¿qué crees que haría yo normalmente?
Carolina meditó un poco antes de responder.
—Tú harías que Elena prefiriera no haber nacido, en vez de dejar que reciba el castigo más leve.
Las cosas que había hecho Elena no eran para que le dieran la pena de muerte. A lo mucho, terminaría el resto de sus días tras las rejas. Pero para Elena, esa era la salida más cómoda.
Melisa curvó los labios en una sonrisa apenas perceptible.
—Lo que para ti parece lo más cómodo, para ella es el verdadero castigo.
Carolina parpadeó sorprendida y luego soltó una risa ligera.
—Ya veo, entonces ella ya eligió su propio destino.
Melisa no dijo nada, solo aceleró la moto rumbo a la casa de los Orozco.
...
En ese momento, la familia Orozco estaba sumida en el caos.
Todos en la casa habían sido envenenados.
Jimena estaba al borde de la muerte.
A toda la familia Orozco la habían trasladado de emergencia al hospital.
La mansión quedó completamente vacía.

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