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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 392

Bruno jamás se imaginó que todo se le voltearía de esa forma. Estaba convencido, seguro de que hoy Melisa moriría en sus manos.

Pero el destino no tarda en dar la vuelta, y ahora era él quien se encontraba rodeado, sin salida.

No tuvo ni tiempo para pensar. Simplemente giró sobre sus talones y salió corriendo, sin mirar atrás.

Carolina entrecerró los ojos y murmuró, con una sonrisa torcida:

—¿Quieres huir? Primero deberías preguntar si te voy a dejar.

Sin perder tiempo, salió tras Bruno, decidida a no dejarlo escapar.

Melisa, en cambio, no se movió ni un centímetro.

Solo se quedó ahí, observando a Elena con una mirada tan profunda como la noche misma. Elena apenas distinguía su silueta, y esa incertidumbre le congelaba el alma, llenándola de un miedo que le calaba hasta los huesos.

—Melisa... —balbuceó Elena, buscando una oportunidad para salvarse—. Yo sé lo que hizo Bruno. Te lo cuento todo, ¿sí? Déjame ir, por favor.

Melisa metió las manos en los bolsillos, su mirada se mantuvo fija y cortante sobre Elena. De pronto, soltó una ligera risa, seca y sin alegría.

—Tía, no te apures. Lo tuyo y lo mío, lo vamos a arreglar.

Apenas terminó de hablar, Carolina regresó al cuarto, y tras ella llegó un grupo de agentes uniformados.

Carolina se paró justo enfrente de Melisa y soltó:

—Se fue corriendo.

Luego, rio con un dejo de burla.

—Ese tonto pensó que de verdad lo iba a perseguir. Salió disparado, ni se fijó por dónde iba, y casi se cae por el barranco.

Melisa sonrió apenas.

—¿Te divertiste hoy?

Carolina acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y respondió con voz tranquila:

—Estuvo bien. Ya no me siento tan ahogada.

La verdad, después de escuchar el análisis de Melisa, supo que su papá no había engañado a su mamá. Aunque la rabia bajó un poco, el malestar seguía ahí.

Habían sido días pesados. La presión de pensar que su papá había tenido un desliz la traía hecha polvo. Su mamá no paraba de llorar, y el ambiente en la casa era sofocante.

Hasta casarse con Gabriel y venir a reunirse con la familia Orozco le había traído un poco de alivio, pero ese nudo en el pecho seguía apretándola.

Melisa, como buena amiga, debió notarlo. Por eso la invitó a venir, para ver si lograba despejar su mente.

Después de un buen rato dándole duro a esos tipos, Carolina al fin sentía que el mal humor se le había ido.

Melisa asintió, y en ese momento los agentes ya habían sometido a Elena.

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