De regreso a la casa de los Orozco, Lucía iba totalmente desconcertada.
De vez en cuando volteaba a ver a Melisa, que iba sentada a su lado, con ganas de decir algo, pero se quedaba callada.
Melisa le lanzó una mirada de reojo.
—¿Quieres decir algo o qué?
Lucía dudó un poco, pero al final no pudo guardárselo más.
—Oye, prima, ¿de verdad sacaste el doble doctorado en la Universidad Monarca Nova cuando tenías dieciséis años?
Eso sí que era impactante.
La tía Isidora siempre andaba diciendo que Melisa no era lista y la menospreciaba a cada rato.
De lo que pasó hace años, Lucía también se enteró por su madre: no fue que Melisa y Florencia se confundieran al nacer, sino que su tía había sacado a Melisa a escondidas y la dejó abandonada. Después, la tía apareció con Florencia, que se parecía muchísimo a Melisa. Al principio, nadie notó nada raro.
Hasta que salieron los resultados de la prueba de paternidad, su mamá y su tía política se dieron cuenta: eso no había sido un error. Isidora simplemente no quería a Melisa, sentía que era una vergüenza para ella y por eso la había ido a dejar.
Todo esto, los de la nueva generación no lo sabían. Su madre lo contó un día, platicando en casa, solo por picar a Isidora.
Fue así como Lucía se enteró de la verdad.
Ahora que lo pensaba, su tía daba entre pena y risa.
Siempre presumiendo la importancia de ser un genio, y por un ridículo test de inteligencia, fue capaz de abandonar a su propia hija.
¿Y ahora?
Melisa era chef de banquetes nacionales, presidenta de MO, conocía a Carolina Rojas y tenía buena relación con Javier, hasta los grandes del instituto de investigación médica la trataban con respeto.
Y ahora, encima, Melisa había conseguido un doble doctorado a los dieciséis en la Universidad Monarca Nova.
Una persona así, no la encontrabas en todo el país.
Pero en la familia Orozco, salió una.
Y fue justo de la rama principal.
¿Quién sabe si la tía Isidora, al enterarse, no se infarta de coraje?
—Es solo un diploma, ¿no es cosa de usar la cabeza? —Melisa no parecía nada orgullosa de su logro.
Había presentado esos exámenes porque el señor Benjamín se lo pidió.
Para ella, solo fue resolver algunos problemas y proyectos.
Lucía se quedó boquiabierta.
—Prima, ¿te das cuenta que si dices eso en voz alta, cualquiera te podría querer matar?

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