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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 307

No sabía qué le pasaba por la cabeza.

Tan temprano y ya venía a molestarla.

Melisa bajó el vidrio de la ventana del carro, apoyó la cabeza en la mano y miró el paisaje que pasaba fugaz por su lado. De repente, un sentimiento de vacío se apoderó de ella.

Cuando terminó con Fabricio, aunque fue por culpa de Leticia Rubio, esa ni siquiera era la verdadera razón.

Había estado con Fabricio dos años; sabía perfectamente que él jamás se fijaría en Leticia.

Por supuesto, también escuchó claramente que la persona que le dijo esas cosas a Leticia no fue Fabricio.

Ella había usado eso como excusa para cortar con él.

La verdad era que se había hundido demasiado.

En esos dos años con Fabricio, llegó a conocerlo tan bien como se conocía a sí misma.

Y Fabricio también la conocía de la misma manera.

No terminó con él porque le hubiera dejado de interesar.

Fue porque ya no podía controlar sus sentimientos por él.

Desde niña, Melisa había sido testigo de matrimonios llenos de odio, como el de Isidora y Nicolás Orozco, que parecían enemigos más que pareja.

Después, conoció el secreto de Giselle: llevaba años enamorada de un hombre que nunca se dignó a aparecer frente a ella.

En los años trabajando en el club nocturno, Melisa se acostumbró a ver a hombres casados buscando diversión a espaldas de sus esposas e hijos, y a mujeres con marido contratando modelos jóvenes para desahogar sus deseos.

Para todos ellos, el amor era como una prenda: algo que se cambiaba cuando les daba la gana.

Melisa era fuerte, sí, pero al final de cuentas, seguía siendo humana, con todas las emociones y deseos que eso implicaba.

Al final, esas emociones siempre terminaban cobrándole la factura.

Sabía perfectamente que Fabricio no era como esos tipos. Y aun así, había caído en ese enredo.

Mientras más se hundía en la relación, menos podía salir de ella.

Ese sentimiento la desesperaba.

Por eso rompió con Fabricio. Prefería pasar la vida entera soltera que dejar que alguien tomara el control de sus emociones.

Lo que no se esperaba era que Fabricio fuera más pegajoso que un chicle en el zapato.

Cada vez que tenía contacto con él, no podía evitar perder el control.

Y ahora...

Tenía que admitirlo: estaba completamente atrapada.

Melisa soltó un suspiro al llegar a esa conclusión.

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