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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 297

—Eso le pasó por tonta a Bianca —Patricio ni siquiera se inmutó al ver expuesta su vida privada, al contrario, se mantuvo con la frente en alto y hasta se justificó—. A final de cuentas, Belinda es la señorita de la familia Rojas. En todos los sentidos, ya sea por su posición o por su apariencia, le da mil vueltas a Bianca. Pero resulta que Bianca anda triunfando en el mundo del espectáculo mientras Belinda nomás es el adorno de fondo. Bianca le robó las oportunidades a Belinda, así que es justo que ahora le toque a ella mantener a su hija.

Patricio soltó una carcajada sarcástica.

—Si te pones a ver, ¿de quién fue la culpa? ¡De Bianca! Por dejarse llevar por mi cara bonita y mi dinero, ahí anda queriéndome seducir. ¿Ahora resulta que Belinda era la amante? En realidad, la que llegó de metiche fue Bianca. Yo ya conocía a Belinda antes de que Bianca se atravesara en mi vida, ya hasta teníamos una hija. Lo que pasa es que, por la carrera de Belinda, tuvimos que mantener todo en secreto.

—Bianca es de lo peor, capaz de todo con tal de meterse en la familia Sandoval. Hasta se atrevió a drogarme para meterse a mi cama. Por su culpa, Belinda sufrió y, por eso, no pienso perdonarla. Me la tengo que cobrar.

El rostro de Melisa permaneció imperturbable. Sus dedos delgados tamborileaban despacio sobre su pierna mientras levantaba la mirada hacia Patricio, con la comisura de los labios apenas curvada.

—Con esa cara, sí que tienes algo, la verdad. Aunque ya se te notan los años, aquí en Velas y Vino los más grandes son los que más llaman la atención.

Apenas terminó de hablar, Melisa chasqueó los dedos. Everardo entró de inmediato desde el pasillo.

Melisa lanzó un contrato sobre la mesa y habló con indiferencia.

—Haz que firme. Luego limpien bien a este par y prepárenlos para recibir a los clientes.

Hizo una pausa y añadió con voz calmada:

—No lo olvides, busca a los clientes más extravagantes. Hoy tenemos que juntar los cuarenta millones para mi tía, y estos dos nos van a ayudar a ganar esa lana.

Everardo asintió y puso el contrato enfrente de Patricio.

Al ver el contenido, Patricio empezó a forcejear desesperado.

—¿Quieres vender a mi Verónica con ese enfermo del señor Galván? ¡Nunca! No voy a firmar nada, me los voy a llevar entre las patas.

Everardo lo miró por encima del hombro, sin mostrar la menor molestia.

—Cuando tengas lo necesario para acabar con mi jefa, entonces vienes y me amenazas.

Le aventó el contrato a Patricio, sin miramientos.

—Anda, firma tú solo. No quiero malgastar mi tiempo contigo.

—¡No firmo! —Patricio soltó un grito lleno de rabia.

Everardo ni se inmutó, seguía viéndolo desde arriba con una expresión totalmente seca.

—¿No firmas? Perfecto. Verónica Sandoval carga con tres muertes encima. La mando directo con las autoridades y a ver si así te gusta el final que les espera.

Patricio se quedó petrificado, con los ojos abiertos de par en par, sin poder creer lo que oía.

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