Elena miró el celular, viendo los cuarenta mil millones de pesos entrar a su cuenta, y se quedó completamente confundida.
¿Eh?
¿Melisa de verdad le transfirió esa cantidad?
Y ni siquiera titubeó al hacerlo.
¿Esta muchacha cuánto dinero tiene?
¡No!
Eso no era lo importante ahora.
Lo importante era, ¿por qué Melisa había cambiado tanto solo por haber ido a Monarca Nova?
No solo no le reclamó por haber detenido a Marcos, sino que encima le dio dinero.
¿Se volvió loca?
¿O Melisa estaba tramando algo?
Solo de pensarlo, Elena abrió los ojos, tiró el celular como si quemara y gritó:
—¡Melisa, eres demasiado cruel! ¡¿Acaso quieres acusarme de fraude con esto?!
Melisa, que la escuchó, arqueó una ceja.
—¿Eh?
—¡Yo sabía que no eras de fiar! ¡Cuarenta mil millones! Con esa cantidad, me meten a la cárcel de por vida. Soy tu tía, ¿cómo puedes ser tan despiadada? —prácticamente le gritó Elena, con la voz a punto de romperse.
Ahora todo tenía sentido:
¡Por eso Melisa ahora era tan amable!
¡Solo quería usar esos cuarenta mil millones para tenderle una trampa por fraude!
¡Qué descaro!
Pero Melisa soltó una carcajada.
—Tía, ¿qué dices? El dinero que te transferí viene con la nota de regalo voluntario. ¿Cómo voy a incriminarte por fraude? Somos familia, ¿crees que podría hacerte algo así de malo?
Elena se quedó pasmada.
—¿Regalo voluntario?
—Mira bien el celular —le dijo Melisa, con una ceja levantada.
Desconfiada, Elena recogió el celular del suelo y revisó la transacción.
Y sí, ahí estaba: “regalo voluntario”.
Miró a Melisa con incredulidad.
—Tú…
¿Por qué?
No podía creer que Melisa fuera tan generosa sin motivo.

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