—De nada te sirve suplicarme. Todo es culpa tuya por meterte con quien no debías. Acéptalo y asume las consecuencias.
Si él mismo estaba en este aprieto, era por su maldita suerte de toparse con este demonio. Camila Vega de verdad no tenía cerebro; en lugar de suplicarle a él, debería rogarle a la mujer que tenía enfrente.
¡Él también estaba aterrado!
¿Acaso no se daba cuenta?
¡Qué mujer tan ciega e inútil!
Al ver que Don Goyo estaba decidido a deshacerse de ella, Camila no tuvo más remedio que rogarle a Serena: —Serena, por favor, perdóname. Sé que me equivoqué. No debí instigar a Don Goyo para que te secuestraran. Todo fue culpa mía, te juro que no volveré a hacerlo.
—Camila Vega, dime, ¿cuántas veces has conspirado contra mí? Deberías darle las gracias a las leyes del país de que sigas con vida.
Matar era un delito, así que no le quitaría la vida, pero si ella misma se empeñaba en cavar su propia tumba, no podía culparla.
Serena no era ninguna santa dispuesta a perdonar a todo el mundo.
—Sí, sí, toda la culpa es mía. A partir de ahora dejaré de meterme contigo. Te juro que si te veo en la calle, me cruzaré de acera. Jamás volveré a aparecer frente a ti para molestarte.
La realidad era aplastante. Aunque le hervía la sangre de rabia, no tenía otra opción que agachar la cabeza.
Si incluso alguien tan temido como Don Goyo estaba muerto de miedo ante Serena, ¿qué posibilidades tenía ella de enfrentarla?
Tenía que admitirlo: todas las veces que había intentado destruirla, había sido impulsada por pura y ciega envidia.
Al principio, creía que Serena era solo una chica de campo a la que podía manipular a su antojo, y por eso empezó a molestarla.
Fue ella quien convenció a Luciana Velasco y a Julieta Herrera para que fueran contra Serena.
Más tarde, llegó a la conclusión de que si una campesina como Serena había logrado casarse con un hombre poderoso, ¿por qué ella, siendo una hija ilegítima, no podía hacer lo mismo?
Pero la realidad le demostró que la única que no podía era ella. Serena, sin importar dónde estuviera, siempre triunfaba.
Definitivamente, no era rival para ella.

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