Javier no creía que el incendio se debiera a un simple cortocircuito por cables viejos. Ordenó una investigación exhaustiva y pronto se descubrió que había sido provocado.
El responsable era un individuo resentido con la compañía por los descuentos aplicados a su bono de productividad, por lo que decidió prender fuego al almacén para vengarse.
Lo irónico era que sus deducciones salariales fueron una penalización por errores graves cometidos en sus funciones. En lugar de aprender la lección, albergó odio en su corazón y planeó el sabotaje.
El sujeto creyó haber ejecutado un plan perfecto, sin contar con que Luna Mendoza pasaría por ahí en el momento preciso.
Naturalmente, la empresa no dudó en denunciarlo a la policía, y el hombre fue arrestado de inmediato.
—Solo cumplí con mi deber —respondió Luna, humilde—. Por cierto, mis padres siempre han querido conocerte. Desean agradecerte personalmente por haberme ayudado. Hoy vinieron como mis invitados a la gala. ¿Crees que podrías concederles unos minutos para saludarlos?
Para Luna, ver a Serena en persona era un evento raro, y sus padres llevaban meses insistiendo con lo mismo. Aprovechando que Serena había asistido a la fiesta de la empresa, decidió preguntar si era posible.
Tiempo después de su rescate, Luna se había enterado de que Serena era una de las principales accionistas de la empresa.
Con razón Javier Silva, siendo el director general, no dudó un segundo en apoyarla cuando se lo pidieron.
AstraMar representaba su renacimiento. Amaba la empresa, y haber podido protegerla la llenaba de orgullo.
—Claro, no hay problema —accedió Serena.
Ya que habían tocado el tema y los padres de Luna estaban allí mismo, no costaba nada dedicarles unos minutos. Sería descortés negarse.
—¡Qué alegría! Voy a buscarlos —dijo Luna, radiante.
Poco después, regresó acompañada de una pareja que rondaba los sesenta años.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La "Pueblerina" Que Humilló a la Alta Sociedad