El rubio miró con lástima a Serena, quien seguía "inconsciente". Un rostro y un cuerpo tan hermosos... qué desperdicio.
Otro hombre con una camiseta negra comentó: —Esta preciosura no parece ser de Ciudad Norte. Quién sabe cómo logró ofender al Jefe.
—Por lo visto, no le espera un buen final. Supongo que cuando el Jefe se canse de ella, la mandará al club. Con lo bonita que es, de verdad es una lástima.
Ming intervino: —¿Creen que ofendió al Jefe? Lo más probable es que sea obra de la mujer que lo acompaña últimamente, la que le habla al oído. El Jefe hace todo lo que ella le pide.
El de camiseta negra respondió: —Tienes razón. A esa mujer no le veo nada del otro mundo, no es tan guapa. No tiene punto de comparación con esta chica.
—Seguro que el Jefe pronto se aburrirá de ella y podría encapricharse con esta. No sé en qué estaba pensando esa mujer. Mandar secuestrar a una mujer más hermosa que ella para llevársela al Jefe... ¿acaso no se está buscando problemas solita?
Ming replicó: —¿Tú qué sabes? La mente de las mujeres es sumamente retorcida. Tal vez es precisamente porque no soporta que esta chica sea más bella. Le tiene envidia y quiere aprovechar el poder del Jefe para secuestrarla y desfigurarle la cara como venganza.
El rubio y el de camiseta negra asintieron y se quedaron callados. A veces, los celos de una mujer podían ser verdaderamente aterradores.
Serena, fingiendo estar inconsciente, escuchó toda la conversación y no dejó de analizar la situación en su mente.
Al parecer, no era Kenji Sato quien quería hacerle daño.
¿Quién era ese Jefe del que hablaban?
¿Y quién era la mujer del Jefe?
¡No tenía enemigos en Ciudad Norte!
¿Quién demonios quería hacerle daño?
El vehículo avanzó durante unos veinte minutos hasta que finalmente se detuvo.
Serena fue sacada a rastras y luego un hombre se la echó al hombro para caminar con ella.
Era incomodísimo, ¿no podían llevarla en brazos como a una princesa o algo así?
Tras ser cargada durante unos minutos, la dejaron sentada en un sofá.

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