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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 330

Erika apretó los labios y le siguió la corriente con total indiferencia.

—Así es. Precisamente los tres bebés que intentaste matar. Siguen vivos, muy sanos y preciosos, por cierto.

En cuanto terminó de hablar, le dedicó una mirada gélida que cortaba como cuchillo a Valerio.

Valerio pasó saliva instintivamente.

Su mano se quedó paralizada en la cintura de ella, sin moverse ni un milímetro.

Erika siguió sosteniéndole la mirada y añadió con firmeza:

—Tus dudas ya quedaron resueltas. Dígame, señor Ramírez, ¿ya me puedo ir? Mi esposo y mis hijos me están esperando.

Valerio paseó su mirada por el bello rostro de la mujer, mientras en la comisura de sus labios asomaba una sonrisa imperceptible.

Se acercó a su oído, y con sus manos de nudillos marcados le acarició la mejilla para susurrarle:

—¿De verdad? Y dime, si a tu adorado esposo se le llegara a ocurrir que ahorita mismo estás escondida en un coche dentro de un estacionamiento, sentada en el regazo de otro hombre, y encima dejándote besar por él... ¿qué diría?

Erika se quedó en silencio, sin saber qué responderle.

Intentó ponerse de pie a la fuerza, pero el brazo robusto de Valerio la apretó contra él al instante.

—Si no hubiera venido a buscarte yo mismo, te habrías escondido de mí para siempre, ¿verdad?

La envolvió por completo entre sus brazos, sintiendo el latido acelerado de su corazón y el calor de su cuerpo.

Mientras le hablaba al oído en un susurro, le apartaba los mechones de la cara con los dedos.

Su mirada bajó sin querer hacia el cuello un poco desabotonado de la blusa de seda de la mujer.

Aquella piel tersa como el marfil hizo que el hombre pasara saliva de nuevo, incapaz de disimular.

Erika, que seguía obligada a estar sentada en sus piernas.

Ahora podía notar que él...

Él...

En cuestión de segundos, la invadió una pena inmensa y sintió que el cuerpo entero le ardía.

Su piel blanca se puso completamente roja de la vergüenza.

No podía moverse ni un centímetro, pero de inmediato volteó la cara hacia otro lado para que Valerio no le viera la cara.

Al ver cómo reaccionaba Erika, en el rostro del hombre se dibujó una sonrisa bastante perversa.

Su voz ronca y entrecortada resonó otra vez muy cerca de ella:

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