Erika sonrió levemente y luego arqueó una ceja hacia Lorena.
En un instante, levantó la mano de golpe y le plantó una bofetada certera y fuerte a Vanesa en la cara.
El golpe sonó con tanta fuerza que hizo estremecer a todos.
Pero Erika, justo cuando Vanesa se llevaba la mano a la mejilla y la fulminaba con la mirada, le soltó otra bofetada brutal en el otro lado de la cara.
En ese instante, además de las respiraciones agitadas de los presentes, solo se escuchaban los jadeos y sollozos de Vanesa.
La voz clara de Erika resonó lentamente en la sala:
—Vanesa, lo creas o no, me enteré de lo de Carla mucho después, y mucho menos intenté robarte el cliente. A veces, lo que ves, lo que escuchas, e incluso lo que crees, no siempre es la verdad. Como, por ejemplo, esa persona en la que tanto confías...
Al decir eso, Erika miró de reojo a Lorena, se inclinó ligeramente hacia Vanesa y añadió en un susurro:
—¿Vas a ser su chivo expiatorio? Piénsalo bien, porque estas dos bofetadas son solo el principio.
Dicho esto, Erika le dedicó una sonrisa a Vanesa.
Vanesa frunció el ceño, como si estuviera en medio de una dolorosa lucha interna.
Al segundo siguiente, extendió las manos y empujó a Erika. Tomada por sorpresa, Erika perdió el equilibrio.
Cuando su cuerpo se fue hacia atrás sin control, cayó directamente en los brazos de Valerio.
A poca distancia, Lorena fijó la mirada en el vientre de Erika; un destello de odio cruzó por sus ojos. De inmediato, Lorena gritó:
—¡Vanesa! ¿Cómo se te ocurre empujar a Erika? ¡Te pasaste! Aún no te das cuenta de la gravedad de lo que hiciste y, ¡te atreves a portarte así enfrente de Vale!
Erika, ya recuperada del susto, empujó suavemente a Valerio fingiendo delicadeza y murmuró:


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