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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 997

Al decir eso, era obvio que Romeo le estaba dando la oportunidad perfecta para desquitar todo su rencor.

¿Cómo iba a desaprovechar semejante regalo?

Pensando en eso, Martina esbozó una sonrisa de lado y luego se sentó en el sillón.

—Entonces, si Romeo no suelta el dinero, la empresa se va a la ruina, ustedes se quedarán con una deuda gigantesca y Rubén terminará en la cárcel, ¿es así?

—Ejem... Tampoco es para tanto —respondió Rubén, tratando de salvar las apariencias.

—Ah, bueno. Siendo así, ¿entonces le digo a Romeo que no invierta?

—¡No, por favor, no hagas eso! —se echó para atrás Rubén de inmediato—. La verdad es que la situación está horrible. Si nos cortan el financiamiento, nos vamos directo a la quiebra. Y en cuanto a mí... es posible que vengan a buscarme por un par de asuntitos. Marty, sé que no fui el mejor papá contigo en el pasado, te pido perdón. Pero esta vez tienes que ayudarnos.

—Sí, Marty, a pesar de todo seguimos siendo una familia. Nosotros te dimos la vida y te criamos. Aunque hayamos tenido nuestros problemitas antes, sé que no nos vas a dejar solos en esto, ¿verdad? —Elsa corrió hacia Martina para intentar convencerla.

—¿«Problemitas»? —Martina enarcó una ceja.

Elsa carraspeó con incomodidad.

—Sabemos que nos equivocamos, discúlpanos.

—¿Hasta ahorita se dan cuenta?

—¡Sí, sí lo reconocemos! —se apresuró a decir Rubén.

—Bueno, si ya lo reconocen, quiero que se disculpen.

—Pero si es lo que estamos haciendo —replicó Elsa.

Martina soltó un chasquido.

—Ah, solo de puras palabras. La verdad, no les veo ninguna sinceridad.

—¿Y entonces qué quieres que hagamos?

—Quiero que lo hagan de la manera más sincera posible.

—¿Y cuál es esa manera?

Martina entrecerró los ojos.

—Pídanmelo de rodillas.

—La verdad es que en el fondo todavía les tengo algo de cariño, pero si siguen en esa actitud tan desagradecida, no me van a dejar otra opción.

—Marty, no puedes tratar así a tus papás. Está muy mal lo que estás haciendo —le reprochó Elsa, nerviosa.

—¿Ustedes sí me pueden tratar así, pero yo a ustedes no?

—¡Se los dije! ¡No tiene caso rogarle, no nos va a ayudar en nada! Es mejor esperarnos hasta mañana en la noche; yo misma voy a convencer a Romeo. Ya que estemos casados, él no va a dejar sola a nuestra familia —intervino Alicia.

Martina se río de ella.

—¿A que no te atreves a apostar a que mañana ni siquiera te vas a poder casar?

—¿En serio crees que Romeo te va a hacer caso?

—¿Quieres probar? —Martina sacó su celular y buscó el número de Romeo.

—¡No, no lo llames! —Elsa la detuvo rápidamente—. ¡Si... si eso te hace sentir mejor, e-entonces yo me hinco ante ti!

Después de decir eso, Elsa apretó los dientes y, tragándose su orgullo, se hincó en el piso.

Tenía la cara roja de humillación, pero tuvo que aguantarse.

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