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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 993

—Yo también creía que no te amaba —respondió Romeo con un tono cargado de melancolía.

—Pero la verdad es que, hasta el día de hoy, me cuesta trabajo creer que en ese entonces me amaras —replicó Martina con una sonrisa amarga.

—En aquel tiempo, estaba seguro de que te casarías conmigo.

—Y, sin embargo, cuando te propuse terminar, aceptaste sin chistar.

—Pensé que te ibas a arrepentir.

—Pero luego fuiste a buscarme a Canadá.

Romeo no supo qué contestar a eso.

—Al verme caer tan bajo, te dio mucho coraje, ¿verdad?

—Sentí pura indignación. Me pareciste una persona despreciable y pensé que ya no había ninguna posibilidad de que volviéramos a empezar.

—De todos modos, tengo que darte las gracias. Usaste la identidad de otra persona para sacarme de ahí y mantenerme todo este tiempo.

Romeo volteó a mirar a Martina.

—¿Te enteraste?

Martina dejó escapar un largo suspiro.

—Lo siento, ya sé que querías mantenerlo en secreto toda la vida.

Romeo volvió a mirar por la ventana.

—La verdad, ya da igual.

—Romeo, ¿por qué vas a casarte con Alicia? ¿Lo haces para ayudarme a vengarme de ellos?

—Te estás imaginando cosas.

—Está bien.

Si él decía que ella imaginaba cosas, que así fuera. A estas alturas, daba lo mismo si lo admitía o no.

—¡Romeo, ven a ayudarme con el cierre de la espalda, por favor! —se escuchó la voz de Alicia.

Romeo le dio una mirada profunda a Martina y luego se dio la vuelta para dirigirse hacia el vestidor. Pero, justo cuando su mano estaba a punto de rozar la perilla de la puerta, Martina lo abrazó por la espalda.

—No te cases con ella, ¿sí? —le pidió Martina en un susurro.

Pero, aunque ella hubiera aceptado, no estaba del todo segura de que Romeo accediera a ir a conocer a sus padres.

En esa época, Martina había reprobado una materia y fue a buscarlo justo antes del examen de recuperación.

—Si logro pasar este extraordinario, ¿me das un premio, por favor?

Por aquel entonces, Romeo estaba involucrado en un proyecto de adquisición y estaba tan ocupado que ni siquiera tenía tiempo para ir a las clases. Si ella quería verlo, no le quedaba más opción que ir a su departamento.

Aquel día, él estaba inmerso en su trabajo.

—No me interrumpas.

—¡Ándale, por favorcito! Solo te pido un premio —le rogó ella, tratando de convencerlo con un tono meloso.

A él le pareció que estaba siendo molesta, así que se levantó y la empujó hacia la puerta. Presa del pánico, ella dio un salto y se trepó encima de él. Y luego... bueno, ni siquiera había pensado en qué haría después, pero sus ojos eran tan hermosos, su nariz tan recta y sus labios se veían tan atractivos...

Luego, como si hubiera sucumbido ante la tentación, bajó la cabeza y lo besó en los labios.

Romeo se quedó congelado por un instante. Cuando ella, presa del nerviosismo, intentó apartarse, él le sujetó la nuca y la presionó de nuevo contra sí mismo, entregándose a un beso avasallador que la dejó sin aliento.

Esa fue la primera vez que se besaron de esa forma, después de medio año de salir juntos en los que nunca habían pasado de tomarse de la mano.

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