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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 992

—¿En tu casa no hay comida?

—¿Todavía tienes el descaro de querer comer aquí?

Martina se echó a reír.

—Los he mantenido por tantos años. ¿Acaso no pueden invitarme ni una sola comida a cambio?

—¡Tú...!

Diciendo esto, ella se puso de pie y se dirigió directamente hacia el comedor.

—¡Romeo, va-vamos a comer a otro lado! —le dijo Rubén a Romeo. No podía permitir que Martina siguiera hablando.

Romeo se levantó.

—La verdad, tengo muchas ganas de probar la sazón de la señora Elsa.

Dicho eso, también entró al comedor.

La comida silenció a Martina. Ya no dijo nada más, solo se dedicó a meterse bocado tras bocado, sin olvidar elogiar que la cocina de Elsa estaba aún mejor que antes.

Mientras ella comía felizmente, a los demás se les había ido el apetito.

—Romeo, prueba estas costillas de cordero asadas. Son la especialidad de mi mamá.

Alicia le sirvió una pieza a Romeo, llena de expectativas de que la probara. Sin embargo, Romeo la tomó con el tenedor y la puso en el plato de Martina.

—¿No vas a comer? —le preguntó Martina.

—Me dio asco, se me quitó el hambre —respondió él.

—A mí no me da asco nada de esto, ¿a ti qué te da asco?

—Tú no tienes conciencia, pero yo sí.

Ambos hablaban en voz baja. Esa actitud tan íntima enfureció a los otros tres espectadores.

—Romeo, a mí también se me fue el hambre. Mejor vamos arriba. Ya recogí mi vestido de novia, me lo pondré para que me veas, ¿te parece? —Alicia lo miró con ojos llenos de esperanza.

Romeo miró de reojo a Martina, que seguía comiendo a grandes bocados, y luego sonrió levemente.

—De acuerdo.

Alicia se puso muy feliz y de inmediato tomó a Romeo de la mano para llevarlo al segundo piso, temiendo que se arrepintiera si esperaba un segundo más.

En cuanto los dos subieron, Rubén le arrebató los cubiertos a Martina de un tirón.

—¡Todavía tienes el descaro de tragar! ¡Se ve que he sido demasiado blando contigo, para que tengas el atrevimiento de venir a armar un escándalo en mi propia casa!

Mientras hablaba, Rubén agarró a Martina del brazo y levantó la mano, dispuesto a darle una bofetada.

—¡Chist! Si... si quieres subir, sube, pero no andes diciendo más tonterías. Si te portas bien, hablaré con tu padre para que te deje en paz.

—Señora Elsa, usted se hizo pasar por enferma para estafar a su propia hija y venderla al mejor postor. ¿Cree que puedo confiar en algo de lo que diga?

—¡Eres simplemente incorregible!

—Qué le digo, a su lado me quedo corta.

Diciendo esto, y bajo la furiosa mirada de Elsa, Martina subió las escaleras.

En la habitación de Alicia, Romeo estaba parado de espaldas, frente a la ventana.

Martina asomó la cabeza y vio que Alicia no estaba en el cuarto. Lo más probable era que se hubiera metido al vestidor.

Se acercó a paso lento hasta detenerse junto a Romeo.

—Así que sí me estuviste buscando.

Lo miró al decir aquello, pero Romeo seguía con la vista perdida en el exterior. Se hizo un silencio sepulcral.

—¿Te arrepientes de algo?

Martina soltó una risa burlona.

—Pero, ¿de qué te podrías arrepentir? ¿No se supone que nunca me amaste?

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