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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 994

Incluso pudo sentir cómo el cuerpo de él reaccionaba, algo que la dejó completamente pasmada.

Cuando les había contado a sus compañeras de cuarto que su novio llevaba medio año con ella y todavía no la había tocado, todas llegaron a la unánime conclusión de que tal vez no le funcionaba. Ella misma había llegado a considerarlo e incluso se había consolado pensando que, si no le funcionaba, no pasaba nada, ya que lo que realmente le importaba era su cara bonita.

Era evidente que todas se habían equivocado.

Él la abrazó y la besó durante un buen rato, y solo la soltó cuando estuvo a punto de perder el control.

Martina estaba aturdida. Completamente embobada, soltó una frase de golpe:

—Tú... me lo tienes que prometer.

Romeo se quedó apoyando la barbilla sobre la coronilla de la joven, recuperando el aliento durante unos momentos.

—¿Qué acabas de decir?

—Que si paso el extraordinario...

—Está bien.

—¡Ya lo prometiste! No te puedes echar para atrás.

—Durante la próxima semana, ni se te ocurra venir a buscarme.

—¿Por qué?

—¡Me desconcentras!

Él la empujó hacia el pasillo y le cerró la puerta en las narices con un fuerte golpe. A ella ni siquiera se le había bajado el calor del cuerpo.

Durante esa semana, ella cumplió su palabra y no fue a buscarlo, porque también estaba muy enfocada estudiando para su examen.

Una semana después, Martina logró pasar su materia, y el proyecto de adquisición en el que Romeo participaba también fue todo un éxito.

Ella fue a buscarlo de inmediato para hacerle aquella petición: quería que la acompañara a su casa a conocer a sus papás. Él estaba de excelente humor al principio, pero en cuanto escuchó la propuesta, su rostro se ensombreció.

Romeo no quería ir a conocer a los padres de ella. En otras palabras, ¿eso no significaba que no tenía intenciones de formalizar las cosas?

Eso fue lo primero que a Martina se le cruzó por la mente.

—De acuerdo, puedo ir.

Pero, al final de cuentas, terminó aceptando.

Ese fin de semana, ella lo llevó a su casa. Rubén adoptó una actitud patriarcal y soltó un montón de frases que hasta a la propia Martina le dieron pena ajena.

—Ay, Romeo... mi Marty es la niña de nuestros ojos. El día de mañana, cuando se casen, espero que la trates como a una reina.

—Pensaba en eso mientras redactaba las propuestas, pensaba en eso durante las videoconferencias, e incluso mientras negociaba con la contraparte seguía pensando en lo mismo. Pensaba en arrancarte la ropa, abrazarte con todas mis fuerzas y hacerte completamente mía.

¿Acaso ese era el verdadero Romeo?

El dios inalcanzable de la universidad, el hombre tan recto y distante que casi parecía estar a punto de volverse monje. Ella siempre había creído que era así.

Pero en el momento en que él la besó y comenzó a exigir más de manera tan ansiosa, ella por fin entendió que se había metido directamente en la boca del lobo.

Justo en esa misma cama, él la hizo suya por primera vez.

Y había sido la primera vez para él, y también para ella.

Incluso pasaron por algunas situaciones bastante cómicas debido a la falta de experiencia de ambos. Alguien tan seguro de sí mismo como Romeo empezó a desesperarse un poco.

—¿Podrías cooperar un poquito?

—Romeo... la verdad, ¿sí puedes o no?

—¿Es en serio que le estás preguntando a un hombre si puede o no?

—Me refiero a tu técnica.

—Esto que acabas de decir es un insulto para mí.

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