—Romeo, todo lo que dice es mentira, no le hagas caso. —Al ver el semblante sombrío de Romeo, Rubén se puso muy nervioso; temía muchísimo que el teatrito de Martina arruinara la boda del día siguiente.
—Una vez vine a su casa para buscar a Martina. ¿Qué fue lo que me dijeron ustedes? —resopló Romeo con ironía.
La mirada de Rubén vaciló y por unos segundos no se atrevió a soltar ni media palabra.
—Me dijeron que te habías ido a estudiar al extranjero —continuó Romeo volviéndose hacia Martina—, que allá tenías un nuevo novio y me exigieron que dejara de andar investigando sobre ti.
Martina soltó una sonrisa amarga. Así que de verdad la había buscado poco después de que ella se fue del país.
—Romeo, mañana es tu boda con Alicia. ¡De qué diablos sirve hablar de esto ahora! —Elsa soltó un suspiro pesado para calmarse—. A menos que ya no tengas intenciones de casarte con mi hija. Pero piénsalo bien, el banquete y el evento ya están pagados. Mañana van a presentarse muchísimos invitados importantes. A nosotros nos viene valiendo madres, pero, ¿acaso tu familia puede soportar semejante humillación pública?
—¿Quién dijo que voy a cancelar la boda? —Romeo levantó una ceja.
—Si no vas a cancelarla, en… entonces, ¿para qué darle tantas vueltas a un asunto enterrado?
—Solo me dio curiosidad escuchar toda la historia. ¿No puedo?
Elsa apretó los labios. Ni de chiste creía que Romeo solo quisiera escuchar el chisme.
—Romeo, ella vino a la casa hoy solo porque quiere causar problemas, ¡su única intención es arruinar nuestra boda! —intervino Alicia con desesperación.
—¿Acaso no es cierto lo que acaba de contar?
—¡Por supuesto que no!
—¡Carajo, yo me ensucié las manos precisamente para que ella pudiera estudiar y para que ustedes tragarán a sus anchas! Y luego de que por fin les empezaron a salir bien las cosas, se dieron cuenta de que ya no me podían sacar más provecho y me dieron una simple patada en el trasero.
—Y, sin embargo, incluso aguantando todo eso, lo mío solo era resentimiento. No había planeado tomar venganza... hasta que descubrí que, por si no fuera poco, se pusieron de acuerdo para tranzarme mi propia casa y dejarme literalmente en la calle. Y ahí fue el momento exacto en el que juré que iba a desquitarme de todos.
—¡Ya la escuchaste, Romeo! Todo este teatrito que vino a montar hoy en nuestra casa es nomás pura sed de venganza —Rubén empezó a sudar frío, aterrado de que Romeo se cabreara y botara la boda a la basura—. ¡No tienes por qué caer en su jueguito sucio!
—Pues ya solté todo lo que tenía que soltar —Martina se encogió de hombros—. Solo me queda desearles a Romeo y Alicia que tengan un excelente matrimonio.
Al escuchar eso, los tres Palacios soltaron una bocanada de aire; por fin se había callado la boca.
—Bueno, si ya terminaste con tus dramas y ya diste tus felicitaciones, ¿ya te vas a largar o qué? —preguntó Elsa con voz fría.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...