Todos los que se habían mudado hoy estaban de regreso. Se juntaron para discutir qué hacer al respecto.
Floriana escuchó durante un rato. Como no era prudente que ella diera la cara ni frente al gobierno ni para detener las obras, solo prestó atención y luego regresó a casa.
Por la noche volvió la electricidad un rato, así que Floriana aprovechó para cargar su celular de inmediato. Al encenderlo, no fue sorpresa encontrar un montón de llamadas perdidas y mensajes, la mayoría de Facundo Prado.
Floriana, regresa con Carlota, ¿sí? De verdad, estoy reflexionando sobre mis errores.
Sin ustedes, esta casa no se siente como un hogar, está vacía y fría.
De camino a casa me distraje y choqué contra otro coche. Me salió un chichón enorme en la frente, mira, ¿no doy lástima?
Le compré una patineta nueva a Carlota, estoy seguro de que le va a encantar.
Te escribo una carta de compromiso si quieres. Prometo respetarlas siempre y no imponerles mis decisiones, ya estoy intentando cambiar.
¿Por qué tienes el teléfono apagado? ¿Ni siquiera quieres escuchar mi disculpa?
¿Estás con Víctor?
¿No crees que estás siendo demasiado cruel conmigo?
¡Floriana! ¡Contéstame!
Ya sé dónde están. No he ido a buscarlas porque te estoy dando una oportunidad.
Mi paciencia tiene un límite. Tienen diez días. ¡Si en diez días no vuelven a mi lado, haré que te arrepientas!
Facundo le había enviado decenas de mensajes, y cada uno le provocaba una profunda asfixia. Le daban ganas de tirar el teléfono, destruir la línea y huir con Carlota a un lugar donde jamás las encontrara. O mejor aún, hacerle creer que las dos habían muerto. El simple hecho de saber que él las estaba buscando la aterraba.
—¡Papá, yo quiero jugar otra vez!
—¡Quedamos en que el que ganara seguía jugando!
—¡No es justo!
—¡Tanto adultos como niños tienen que cumplir sus promesas!
—¡De todos modos no es justo!
El alboroto de Víctor y Carlota peleando en el patio sacó a Floriana del oscuro abismo en el que había caído su mente. Tomó varias bocanadas de aire profundas para poder calmarse un poco.
Caminó hacia la ventana y miró hacia abajo. Víctor esquivaba a Carlota mientras sostenía el teléfono en alto, y ella intentaba atraparlo por la espalda.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...