Era una lástima que quisieran poner una planta química en un lugar rodeado de tanta naturaleza.
—Pero si solo se rompió un cable, deberían arreglarlo rápido. ¿Por qué se tardan tanto?
—Dicen que el encargado de la obra no los deja conectarlo.
—¿Cómo que no los deja?
—Pues nos la están haciendo cansada a propósito, para presionarnos a que firmemos el desalojo.
Floriana suspiró. Qué descaro tenían.
En ese momento, Lucho llegó con un grupo de jóvenes.
—Floriana, vamos a ir a la constructora a exigir una explicación. Acompáñanos, tú eres famosa, seguro te hacen más caso.
Floriana frunció el ceño.
—No es conveniente que yo me exponga.
Pero se trataba de un problema de toda la comunidad...
—¡Yo voy con ustedes! —Víctor salió del patio—. No está bien que vaya ella sola.
Lucho se rascó la cabeza.
—Tienes razón, no lo pensé bien. Entonces que nos acompañe el amigo.
—¿Cuál amigo? Me llamo Víctor.
—Ah, señor Crespo.
La boca de Víctor se torció.
—Mejor llámame Jairo.
Floriana no se quedó tranquila al ver que Víctor iba con ellos, temía que perdiera los estribos y la situación se saliera de control, así que le hizo mil recomendaciones antes de que se fuera.
—¿Acaso soy tan problemático? —se ofendió Víctor.
Floriana resopló.
—Has hecho demasiadas locuras, nomás que ya no te acuerdas.
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...