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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1053

La verdad es que Floriana pensaba que la luz regresaría rápido; los vecinos le habían dicho lo mismo en el camino. Pero al llegar a la casa, esperaron un buen rato y nada.

—¡Bajen ustedes dos!

Carlota ya casi se quedaba dormida, pero la voz de Víctor la hizo despertar de golpe.

—¡Mamá, nos habla papá!

Floriana rodó los ojos con resignación y bajó con la niña.

En el patio había tres sillas reclinables y una mesa con velas encendidas. Víctor estaba tumbado en una y señaló las otras dos para que se sentaran.

—¡Vamos a contar estrellas!

A Floriana le pareció infantil, pero Carlota estaba fascinada.

—¡Sí, vamos a contar estrellas!

Se acostó en la silla junto a Víctor y empezaron a debatir desde qué lado empezar.

—Empecemos por el rincón sureste.

—Va.

Y los dos se pusieron a contar muy serios.

—Ay, creo que esa ya la conté.

—Oye, cuando pasé la vista por ahí no estaba esa estrella, ¿de dónde salió?

—Esa estrella se mueve, ¿será un avión?

—¡La mía también se movió! Cuando éramos niños les decíamos estrellas ladronas.

Se equivocaban, volvían a empezar, platicaban mientras contaban y no tardaban en perder la cuenta otra vez.

Floriana se recostó en la otra silla junto a Víctor. Recordó que, de niña, lo que más le gustaba era tirarse en el patio durante el verano a contar estrellas. Pero de adulta, rara vez miraba al cielo; la vida se había vuelto muy apresurada y las estrellas, en la ciudad, casi ni se veían.

Pero en la sierra seguían siendo tantas como siempre, en el mismo lugar donde las había contado hace años, como si hubieran estado esperando a que las viera de nuevo.

Al final, como no lograron ponerse de acuerdo con la cuenta, se rindieron.

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