Facundo se soltó del agarre de Floriana, con expresión de angustia.
—Floriana, ¿acaso no tienes corazón? ¿Cómo puedes decir algo tan cruel? ¿Acaso no te he tratado bien? ¿No he sido bueno con Carlota? No pido que me devuelvan el amor con la misma intensidad, ¡pero al menos exijo un poco de respeto!
Floriana cerró los ojos por un instante.
—¿Tú pides respeto? Pero, ¿cuándo nos has respetado tú a nosotras?
—¡Yo solo las estoy cuidando!
—Cuidarnos no es una excusa; si sigues siendo tan controlador, Carlota y yo...
—¿Y ustedes qué?
Floriana enderezó la espalda.
—¡Carlota y yo te vamos a dejar!
—¿Y no te da miedo...? —Por instinto, Facundo estuvo a punto de soltar una amenaza, pero se tragó las palabras—. ¡Tú más que nadie sabes lo que pasará!
—¿Acaso lo que buscas es volverme loca hasta que me muera?
—¿Tú... cómo te atreves a pensar que yo sería capaz de hacerte daño?
Floriana sonrió con amargura.
—Facundo, deja de engañarte creyendo que todo es por amor, ¿quieres? ¡Ese amor tuyo ya nos ha lastimado demasiado!
Dicho esto, se dio la media vuelta y subió las escaleras.
Al regresar a la habitación infantil y verla vacía, Floriana sintió que le faltaba el aire. Este sitio estaba lejos de ser un hogar; parecía más bien una prisión, y Carlota y ella eran las prisioneras.
Facundo se jactaba de protegerlas, sin darse cuenta de que siempre fue él quien más dolor les causó.
Facundo le dio una fuerte patada al sofá; con lo explosivo que era, lo lógico habría sido que fuera directamente a buscar a Víctor, pero verdaderamente temía perder los estribos y acabar con su vida.
Mientras aún conservaba un poco de cordura, tras dudarlo un momento, decidió marcar el número de Jairo.
—Adviértele a Víctor que regrese a Carlota a su casa de inmediato; de lo contrario, no respondo por mis actos.
—¿Cómo te atreviste a mandar que chocaran el coche de Jairo? ¿Por qué... por qué no me consultaste?
—Si te lo hubiera dicho, ¿acaso habrías aceptado?
—¡Claro que no!
—La situación del Grupo Prado está pendiendo de un hilo. Si algo le hubiera pasado a Jairo, las represalias del Grupo Crespo habrían cesado y el Grupo Prado habría tenido un respiro; esa es la única razón por la que ordené que lo chocaran. Facundo, dejas que tus sentimientos te dominen. No debí haberte hecho caso al declararle la guerra al Grupo Crespo. Sí, nos desahogamos un poco, pero el Grupo Prado está a punto de desmoronarse.
Facundo se frotó la frente; con razón los ataques de Jairo hacia el Grupo Prado se habían vuelto tan despiadados. Hasta le había pedido a Ignacio Rodríguez y a los demás que intervinieran, pero la respuesta de Jairo fue tajante: no había nada que hablar.
Que hubiera dejado de lado la hermandad se debía a eso.
—¡Papá, lograste enfurecer a Jairo por completo!
Facundo colgó el teléfono. Cuando atacó a Víctor, fue porque él era un inútil; además, le había hecho daño a Jairo, y él asumió que Jairo no intervendría. Al fin y al cabo, si a Víctor le pasaba algo, la posición de Jairo sería mucho más segura.
Pero lo que Facundo nunca imaginó fue que Jairo lo protegería a toda costa, incluso si eso significaba destruir la colaboración entre sus familias. Definitivamente lo había tomado por sorpresa, y a partir de ese momento, las cosas se le fueron de las manos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...