Facundo frunció el ceño.
—¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? Hice todo lo que haría un padre responsable, ¡y en lugar de agradecer mi dedicación, me estás reprochando!
—Dices que quieres ser un buen padre, pero esa es solo tu idea de lo que un buen padre debería hacer. Ni Carlota ni yo lo vemos de esa manera.
—¿Todo porque no la dejo andar en patineta?
—Porque no respetas las cosas que a ella le gustan.
—¡Es peligroso que ande en patineta a su edad!
—¡Podrías haberla acompañado y cuidado, en lugar de usar tu autoridad como padre para intimidarla, quitarle la patineta y tirarla a la basura!
El rostro de Facundo cambió de expresión un par de veces; no podía creer que, después de todo lo que había hecho por el bienestar de su hija, Floriana desaprobara completamente sus acciones.
—¿Y qué hay de Víctor? ¿Qué haría Víctor?
—Él solo pensaría que Carlota es muy valiente, que es increíble; él la apoyaría, la acompañaría y la cuidaría.
Al escuchar sus palabras, Facundo golpeó la mesa con furia.
—¿Entonces crees que él lo hace mejor que yo?
—Tú jamás lo has hecho tan bien como él, por eso Carlota lo prefiere a él y no a ti.
Esa declaración dio justo en el clavo y el rostro de Facundo se ensombreció.
—¿Y como marido? ¿También crees que Víctor fue mejor que yo?
Floriana guardó silencio por un momento.
—Sí, él es mucho mejor que tú.
—¡Floriana!
—Contigo siento que no puedo ni respirar, y con Víctor jamás me sentí así. Él nunca intentó controlarme, siempre respetó mi forma de ser, no se metió en mi trabajo ni me arrebató mi libertad.
—¡Cállate! ¡No quiero que lo vuelvas a mencionar!
—Fuiste tú quien lo sacó al tema, tú fuiste quien preguntó, y ahora no puedes lidiar con lo que te respondo.
—¡Porque lo dices solo para lastimarme! ¡Ni una sola palabra es verdad!
Floriana soltó una risa sarcástica; discutir con él era una pérdida de tiempo. Justo como lo pensaba.
—¡Ya te dije que está a salvo!
—¡El único lugar donde ella está segura es conmigo!
—¡Pero contigo no es feliz!
—¿Entonces con quién es feliz? ¿Con Víctor?
Al decir esto, la mente de Facundo ató cabos.
—¿Así que está en casa de Víctor?
Al ver la reacción en la mirada de Floriana, supo que había acertado y su rabia estalló.
—¡Nos estuvo mintiendo todo este tiempo! Tenía a Carlota escondida y nos hizo creer que ni la había visto. ¡Víctor, ah, Víctor, cómo te atreves a mentirme! ¡Te voy a matar!
Al decir eso, Facundo se dispuso a salir.
Floriana se apresuró a detenerlo.
—¡Soy la madre de Carlota, su única tutora legal! ¡Yo estoy de acuerdo con que esté con Víctor, tú no tienes derecho a impedirlo!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...