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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1038

Hasta llegar al punto en el que se encontraban.

Por el momento, no podía tocar a Víctor; de lo contrario, el Grupo Crespo aplastaría al Grupo Prado por completo.

Quien llamó a Víctor fue Isabella Quintero; él no dudó en confesarle que Carlota estaba con él.

—Es mi hija y ha sido maltratada por ese animal de Facundo. Si no logro protegerla como padre y encima la entrego a las fauces de esa bestia, ¿qué clase de hombre sería?

—¿Maltratada?

—Carlota me lo dijo.

—Eh... no deberías fiarte ciegamente de lo que dice una niña.

—Eso es un prejuicio de ustedes los adultos; ¡por lo general, las palabras que salen de la boca de los niños son la más pura verdad!

Isabella hizo una mueca. ¿Ustedes los adultos?

¿Acaso él seguía siendo un niño al igual que Carlota?

Isabella soltó un suspiro.

—Nadie te está pidiendo que devuelvas a Carlota.

—¿Y entonces para qué llamaste?

—Quería preguntarte si todavía tienes pensado viajar a Canadá.

—¡Por supuesto que no! Mi hija está sufriendo maltrato, ¡tengo que quedarme para cuidarla!

—Bueno, eso es digno de un hombre.

—¡Por supuesto que lo soy!

—De acuerdo, deja que Carlota se quede contigo por ahora, pero mantente en contacto con Floriana para que sepa que la niña está a salvo.

—Uf, estoy un poco molesto con ella.

—Ya basta, Floriana no tuvo otra salida.

A decir verdad, Víctor estaba tan inquieto que casi no pudo pegar ojo en toda la noche; sabía perfectamente que tarde o temprano Facundo se enteraría de que Carlota estaba con él. Teniendo en cuenta la furia que demostró el día anterior, no sería extraño que se presentara de un momento a otro; así que, muy temprano en la mañana, despertó a la niña.

—Tenemos que escondernos, Facundo no nos puede encontrar.

Carlota aún tenía sueño, pero al escuchar esas palabras, se despertó de un salto.

—¡Si me encuentra, me va a matar!

—Papá, cuando estoy contigo, me divierto mucho sin importar a dónde vayamos.

—Claro, porque somos padre e hija.

—¿Vamos rumbo a las montañas?

—Eh, la verdad es que no sé a dónde ir a escondernos. ¿Hay algún lugar al que te gustaría ir?

Carlota asintió de inmediato.

—¡Quiero regresar a nuestro pueblito!

—¿Pueblito?

—El lugar en el que mamá y yo, junto con Isabella y Samuel, vivíamos antes.

Víctor asintió.

—Claro que sí, ¿pero te sabes el nombre del pueblito?

—Sí.

Víctor encendió el GPS, ingresó el destino y giró para incorporarse a la autopista. Sin embargo, al cruzar una calle estrecha, golpeó por accidente a un anciano que iba en bicicleta; el anciano primero le echó un vistazo al coche y después se dejó caer al suelo, sin intenciones de levantarse.

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