Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1032

—No te preocupes por eso —dijo Víctor frotándose la nariz—. Si ya terminaste, vete rápido.

—¿Eh?

Victoria se quedó petrificada. ¿Qué había dicho? ¿Que se fuera?

—Señor Crespo, seguro me está haciendo una broma. ¡Qué malo!

—No estoy de humor para bromas. ¡Agarra tus cosas y lárgate! —respondió Víctor con expresión fría.

Al ver que Víctor hablaba en serio, Victoria frunció el ceño.

—Señor Crespo, somos adultos. Usted me invitó a su casa y yo vine, ¡pero no fue solo para prepararle la cena!

—¿Entonces para qué? —Víctor arqueó una ceja, con aire de sinvergüenza.

—Señor Crespo... no puede ser que no tenga el más mínimo interés en mí.

—¿Debería tenerlo?

—Yo... no estoy nada mal.

—Tampoco eres la gran cosa.

—¡Tú!

—¡Largo!

Victoria estaba a punto de desmayarse de la rabia. Se había arreglado con esmero, había ido al supermercado, cargado las bolsas desde la entrada, sudado bajo el sol durante media hora y trabajado en la cocina por casi dos horas, todo para recibir un "largo".

Apretó los dientes por el coraje, pero no se atrevía a ofender a ese hombre, así que solo pudo murmurar un insulto en voz baja:

—Basura.

Víctor la escuchó, pero no le dio importancia.

—Soy una basura, ¿y qué? Nadie te obligó a venir de arrastrada.

Victoria se echó a llorar de pura impotencia, agarró sus cosas y salió corriendo.

Víctor soltó un bufido. La mujer que había besado anoche definitivamente no era ella; con razón le parecía tan desabrida. Como no le interesaba, lo mejor era que se largara, además de que las intenciones de Victoria no eran nada puras.

Después de echarla, Víctor estaba a punto de cerrar el portón del jardín cuando notó un movimiento en los arbustos cercanos.

—¿Acaso te perdiste? ¿Dónde están tus papás? ¿O mejor me das su número de teléfono?

Rara vez tenía tanta paciencia con alguien, pero a pesar de sus intentos, la niña no paraba de llorar, y cada vez lo hacía con más intensidad.

Víctor se encogió de hombros.

—Parece que no te puedo ayudar, mejor vete a casa pronto y busca a tus papás.

Al decir esto, se dio la vuelta para entrar al patio. Justo cuando iba a cerrar el portón, la pequeña corrió hacia él y se aferró a su pierna.

—Papá, ¿de verdad no te acuerdas de mí?

—¡No acepto que no me reconozcas! ¡Me rompes el corazón!

Víctor se quedó pasmado y volvió a mirar a la niña.

—Entonces tú eres... ¿Carlota?

¿Su hija con Floriana?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido