A Víctor solo le tomó un segundo aceptar el hecho; esta pequeña era demasiado adorable, y una niña así solo podría ser producto de un hombre tan excepcional como él y de una mujer tan hermosa como Floriana.
—Papá cometió un error, pero aunque haya perdido la memoria, a partir de este momento te grabaré en mi mente de nuevo y nunca más te olvidaré —dijo Víctor mientras levantaba a Carlota en brazos para consolarla.
Era increíble que unas palabras tan cursis le hubieran salido tan natural, pero frente a una criaturita tan linda, ¿cómo iba a dejar que siguiera llorando?
—Ya no llores, que a papá se le rompe el corazón.
Esa era la misma forma en la que su papá la consolaba antes. Al escuchar ese tono tan familiar, Carlota lloró aún más fuerte y se aferró con fuerza al cuello de Víctor.
—¡Papá, no nos dejes a mamá y a mí!
—Eh, respecto a tu mamá, aunque quisiera no puedo, ¡pero tú eres mi hija de sangre, a ti jamás te dejaría!
—Papá, te he extrañado muchísimo.
—Entonces a partir de ahora no nos separaremos nunca más.
Ya en casa, Carlota dijo que tenía hambre. Desde que se había escapado de la escuela por la mañana, había estado escondida entre los arbustos en ese lugar; en todo el día no había probado bocado.
—Entonces papá pedirá comida para llevar.
—Quiero comer la sopa de fideos con carne que prepara papá.
—¿Yo sé hacer sopa de fideos con carne?
Carlota asintió.
—Es deliciosa.
Víctor dudaba mucho de que él supiera meterse a la cocina a preparar algo, pero Carlota corrió a la cocina y sacó del fondo del refrigerador una bolsa de carne; era de las compras que habían hecho juntos en su última visita al supermercado.
—Papá prometió hacerme sopa de fideos con carne, pero después pasaron muchas cosas y no se pudo.
Víctor tomó la carne de las manos de Carlota. Viendo lo segura que estaba la pequeña, supuso que debía ser cierto, pero... el problema era que él no tenía ni el más mínimo recuerdo de cómo hacer ese platillo.
—Mejor que papá pida comida —dijo Carlota, bajando un poco la voz.
—Papá sabe hacerla, ve a ver la tele un rato, no tardaré nada.
Mientras la carne se cocinaba, empezó a preparar la masa.
Amasar y estirar los fideos...
Para su sorpresa, él era capaz de hacer una tarea tan complicada. Aunque hubo algunas torpezas en el proceso, al final logró preparar los fideos a mano.
Puso agua a hervir, echó los fideos y, una vez listos, sirvió dos tazones; finalmente, añadió la carne estofada y su delicioso caldo.
¡Una humeante y deliciosa sopa de fideos con carne estaba lista! Víctor la llevó a la mesa y llamó a Carlota para cenar juntos.
Carlota probó un bocado y enseguida levantó el pulgar en señal de aprobación.
—¡La sopa que hace papá sigue siendo riquísima!
—¿De verdad quedó buena?
Víctor dudaba un poco, así que bajó la vista y probó un poco; para su sorpresa, estaba deliciosa.
*¿Acaso se había convertido en amo de casa después de casarse?*

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...