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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1018

—Por cierto, ¿quién es la esposa de Facundo?

Belén se hizo la desentendida de inmediato.

—Yo... ni la conozco.

Dijo eso, pero justo en ese momento pasaron un comercial de Floriana en la tele. Belén corrió a buscar el control para cambiarle otra vez, cuando Víctor comentó de repente.

—Esta actriz es de las nuevas, ¿verdad? Está muy bonita.

Belén se frotó las sienes al ver el interés con el que su hijo devoraba con la mirada a Floriana en el anuncio.

Tal como se temía: aunque perdiera la memoria, sus gustos seguían siendo exactamente los mismos.

—Oye... tu papá no tarda en llegar, mejor ya vete.

Víctor no captó la indirecta.

—Si ya va a llegar, ¿por qué me corres? Quiero platicar un rato con él.

—Eh, es que es mejor que te vayas ahorita.

—¿Por qué?

—Porque antes de que perdieras la memoria hiciste un desastre y terminaste mandando a tu papá al hospital por un coraje. Si te ve aquí, seguro te va a armar un pleito.

Víctor soltó un suspiro larguísimo; ni siquiera preguntó qué problema había causado, solo se limitó a quejarse:

—Con la edad que tiene y todavía se enoja por todo.

A pesar de sus quejas, se levantó.

Pensaba hacerle caso a su mamá e irse para no seguir haciendo corajes a su papá, pero al pararse, le cayó el veinte de que, conociendo su propio carácter de antes, jamás habría pensado en los demás. Incluso habría dicho: «Se lo merece, por enojón».

El Víctor de veintiocho años parecía haber cambiado muchísimo.

—Espérate, ¿a dónde quieres que vaya?

Si lo corrían de la casa familiar, ¿a dónde se suponía que iba a meterse?

—Pues a tu casa, obviamente —contestó Belén.

—¿Mi casa?

—A tu departamento, pues.

—¿A poco ya vivo solo?

Al ver cómo Víctor se alejaba, a Belén se le empezaron a cristalizar los ojos. Ese Víctor... se acababa de preocupar por ella, ¿no? Le había dicho que se cuidara, que le llamara si pasaba algo; ¡esos eran gestos de puro cariño!

¡De verdad había aprendido a preocuparse por los demás!

¿A todos los que les daba amnesia les pasaba lo mismo? Parecía como si le hubieran cambiado la mentalidad.

Víctor buscó su departamento con la dirección que le habían dado y tecleó una contraseña que no le sonaba para nada. Con un pitido de confirmación, la puerta cedió. Entró y, por un instante, se sintió bastante desubicado.

¿Esa era su casa?

Caminó hacia la sala y se dio cuenta de que había un montón de peluches tirados; la mesa y la pared estaban llenas de estampas decorativas, y hasta un vestidito rosa colgaba del respaldo del sillón.

Se asomó a uno de los cuartos del pasillo. Claramente era una recámara de niños, de una niña para ser exactos, porque estaba decorada como si fuera el castillo de una princesa. Salió de inmediato y entró a la recámara principal. Esta última tenía un estilo sobrio en blanco y negro, lo que lo hizo sentir más cómodo, pero al ver dos almohadas sobre la cama...

¿De verdad vivía ahí?

Víctor corrió hasta la puerta y se fijó en el número para confirmar con los datos que le había pasado su mamá.

No, no había error, sí era su departamento.

Solo le quedó armarse de valor y volver a meterse. Seguro que su exesposa y él habían tenido una niña.

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