—¡Cabrón, lo hiciste a propósito nomás para hacerme reír, ¿verdad?!
Damián parecía estar aterrado; se paró tambaleándose con la clara intención de echarse a correr.
—¡Si tantas ganas tienes de salir, yo te ayudo! —le gritó Víctor.
Damián ya se había alejado varios metros, pero al escuchar eso, lo dudó un instante y regresó a paso apresurado.
—¿Puedes no decirle a los maestros?
Víctor bufó con burla.
—¿Eres o te haces? En la siguiente hora, en cuanto el profe pase lista, se va a dar cuenta de quién no está. ¿Para qué crees que necesitaría ir de soplón?
—Nos toca Educación Física y el maestro casi nunca pasa lista. Si regreso antes de la siguiente clase, no va a pasar nada.
—¿A poco?
Víctor jamás le había echado un ojo al horario, así que ni idea tenía de qué clase tocaba.
—Pero bueno, ¿para qué quieres saltarte la barda?
—Yo... tengo una emergencia.
A Víctor no le importaba en lo más mínimo cuáles eran sus problemas, pero sí le divertía la idea de enseñarle a volarse la barda. Se trepó primero para poner el ejemplo y luego le indicó a Damián que imitara sus movimientos.
Evidentemente, con esa estatura Damián no iba a lograrlo. Terminó azotando contra el piso una y otra vez. Y claro, Víctor lo hacía a propósito, divirtiéndose a su costa viéndolo como a su propio payaso personal.
—No manches, qué inútil. Ven, te echo la mano.
Víctor se sentó a horcajadas sobre la barda y le ofreció la mano. Damián se la tomó sin dudarlo. Víctor empezó a jalarlo, pero justo cuando el chico estaba a punto de llegar a lo alto, lo soltó a propósito. Se escuchó un golpe seco; Damián había azotado durísimo.
Víctor ya no pudo aguantar las carcajadas; se recostó en la barda partiéndose de la risa.
—Perdóname, de verdad soy muy torpe.
Cuando los malvivientes por fin se largaron, Víctor observó a Damián con la cara llena de moretones y, por una extraña razón, sintió un nudo en la garganta.
Víctor sabía que era una basura de persona. Estaba acostumbrado a que su familia y todos a su alrededor lo detestaran; hasta se sentía orgulloso de ello. Pero que alguien diera la cara por él de manera desinteresada... la verdad, se sentía chingón.
Desde aquel día, lo adoptó como su hermano del alma.
Obviamente, en cuanto regresaron al plantel los profesores los descubrieron. El director creyó ciegamente que Víctor estaba metiendo a Damián por el mal camino y les prohibió juntarse de forma estricta.
Sin embargo, como Damián creía que Víctor en el fondo era un buen sujeto, fue la primera vez en su vida que desobedeció a las autoridades.
Tiempo después, Víctor se enteró del porqué Damián se volaba las clases: tenía que ir a cuidar a su madre al hospital. Vivían en una situación muy cabrona, pues su papá había fallecido cuando era muy niño y su mamá lo había sacado adelante sola a base de puro sacrificio.
Víctor pagó de su propia bolsa toda la cuenta del hospital y les exigió a las enfermeras que jamás le dijeran una sola palabra a la familia.
Había sido la primera vez en toda su vida que hacía algo decente por alguien.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...