Entrar Via

La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1005

Martina se puso de pie y miró con frialdad a Elsa, así como a Rubén y Alicia, que estaban detrás de ella.

A quienes alguna vez consideró su familia, fueron también quienes más la lastimaron.

Estaba muy satisfecha con el resultado de hoy.

—No puedo salvarlos, y tampoco lo haré —dijo, retrocediendo un par de pasos—. Esto es su merecido.

Esta última frase la dijo con una calma inusual, como si fueran sus palabras de despedida y todo hubiera quedado resuelto.

Elsa lloraba, Rubén maldecía y Alicia se levantó para golpearla.

Ella los ignoró. Por último, le dio un vistazo a Romeo, que estaba parado a lo lejos. Él también la miraba; al cruzar miradas, aún se notaba algo de arrepentimiento, pero ambos ya lo habían superado.

Esa relación entre ellos ponía su punto final ahí mismo.

Martina le sonrió y luego se dio la vuelta para salir.

Ya había comprado su boleto de avión. A la mañana siguiente, se iría de esa ciudad para no volver jamás. Antes de irse, pasaría a despedirse de Víctor, la única persona que le importaba en esta vida.

Sin embargo, apenas se subió al taxi, se sorprendió al recibir una llamada de Floriana.

—Tengo que salir a grabar por un tiempo, pero no me da confianza dejar a Carlota con la niñera. ¿Podrías ayudarme a cuidarla? —preguntó Floriana.

Lo que a Floriana realmente le preocupaba debía ser Facundo. Martina conocía un poco sobre su situación.

—Está bien, te ayudaré. —Martina no lo dudó.

Al ayudar a Floriana, en realidad también lo hacía por Víctor. Si él no hubiera perdido la memoria, definitivamente no habría querido que le hicieran daño a Carlota.

***

El chofer había pedido permiso para ausentarse, así que Jairo manejó su propio carro para regresar a casa después del trabajo.

Como se quedó trabajando horas extra, evitó el tráfico de la tarde, por lo que no había muchos coches en la calle y el trayecto era fluido. Justo al bajar por el puente vehicular, notó que un vehículo en el carril contrario aceleraba; de pronto, perdió el control, rompió la barrera de contención y se dirigió directo hacia él.

—¡Me vale la educación! ¡Te insulto porque se me da la gana, pendejo!

—Te ves como un tonto.

—¡Tú eres el tonto, toda tu familia es tonta!

—No tengo familia, tengo un amo.

—¡Entonces tu amo es un tonto!

El robot detectó la presencia de Jairo, y en su pantalla apareció de inmediato una carita sonriente: —Amo, bienvenido a casa.

—¡No manches, hasta cambia de cara! —Víctor miraba al robot con total asombro—. ¿E-esto es lo que inventaron en tu empresa?

Jairo le entregó su saco; el robot extendió un brazo mecánico para recibirlo y luego se hizo a un lado. Él tomó unos cuantos tragos de agua primero, intentando despejar su mente del accidente de hace un momento.

—¿Por qué te dieron de alta? —le preguntó Jairo a Víctor, frunciendo el ceño.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido