Víctor se jaló el cabello, frustrado. —Se supone que yo estaba totalmente en contra del matrimonio. ¿Cómo fue que me casé? Y encima me caso y ando de rabo verde. Eso ya ni siquiera es no tener moral, es no tener madre.
—Te describiste a la perfección.
—Pero de verdad siento que yo no haría algo así.
Isabella observó a Víctor. Si él sentía en el fondo que era incapaz de hacer algo así, significaba que siempre había mantenido intactos esos principios morales.
Aunque las cosas que hacía solían ser un desastre y él mismo era un tipo un tanto desastroso, en realidad no era una mala persona.
—Primero recupérate. Luego platico con ella, y si ella quiere verte, te aviso.
Como por ahora ni siquiera se podía levantar de la cama, aunque ella quisiera verlo, él no podría salir.
—Va. Pero no te vayas a olvidar del asunto.
Isabella no entendía por qué le había entrado tanta curiosidad por su exesposa, pero aun así asintió.
***
Martina llegó al hotel. Sacó la invitación que le había pedido a Romeo y entró.
La boda todavía no empezaba, pero la novia ya estaba en el camerino.
Martina caminó hacia allá y se topó de frente con Romeo, que iba saliendo de otro cuarto. Llevaba puesto el traje de novio, con el cabello peinado hacia atrás, dejando al descubierto su frente. Se veía sumamente elegante y distinguido.
Tenía una expresión serena. Al verla, un destello de confusión cruzó por su mirada, pero lo ocultó al instante.
Martina soltó una risa nerviosa. —Así que así es como te ves vestido de novio.
Romeo la miró profundamente, luego la esquivó y siguió su camino hacia afuera.
—Lástima que la invitación me la dio él.
—¡Tú...!
Martina sonrió. —Relájate, no vengo a hacer un escándalo.
Alicia apretó los dientes. —La familia Quintero está ahí afuera, además de muchísimos invitados. ¿De verdad crees que por armar tu teatrito la boda se va a cancelar? ¡Imposible! ¡A estas alturas, este matrimonio ya es un hecho!
—¿Ah, sí? —Martina alzó una ceja.
—En un ratito más voy a ser la señora Quintero, ¡y te voy a enseñar lo que pasa por meterte conmigo!
—Ay, a ver, platícame, ¿qué me va a pasar?
—Voy a recuperar todas las cosas que Romeo te compró, incluyendo la casa y las joyas. ¡Además, voy a mandar a unos tipos a que te den la golpiza de tu vida para que te arrepientas de haber nacido!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...