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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 590

A las nueve y media, Lucas comprobó la hora y se acercó a Sebastián para informarle en voz baja: —Saldré a buscar a Sofía.

Sebastián emitió un sordo «mmm», pero su mirada cayó silenciosamente sobre aquel rostro impasible.

—La señorita Vargas me lo pidió, aunque asumo que en realidad fue idea de la propia Sofía —explicó Lucas con un tono plano, sin la más mínima alteración.

Sebastián, sin embargo, le preguntó con segundas intenciones: —¿Alguien te pidió explicaciones?

Un destello momentáneo de desconcierto cruzó el rostro bien esculpido de Lucas, pero en un abrir y cerrar de ojos, recuperó su gélida compostura habitual y se dirigió hacia el ala de la mansión donde se alojaba.

Entró en su cuarto, abrió un cajón, sacó las llaves del auto y fue al garaje.

En el garaje de Villa Esmeralda había no menos de cincuenta vehículos, pero entre ellos había uno de su propiedad personal, que casi nunca usaba.

—Lucas, ¿vas a salir? —lo saludaron respetuosamente los guardias del garaje al verlo.

Ese respeto no se debía solo a que Lucas fuera el asistente de mayor confianza de Sebastián, sino a que Lucas era un experto en pelear a puño limpio.

A pesar de su apariencia increíblemente atractiva, incluso más guapo que muchos actores de cine, nadie olvidaba que era alguien que hablaba con los puños.

No había guardaespaldas de la familia Correa que no se sometiera a su autoridad.

Lucas asintió, y un guardia le ofreció inmediatamente las llaves del vehículo que solía conducir a diario.

Lucas le echó un vistazo, pero no las tomó. —Me llevaré mi propio auto.

El guardia se quedó sorprendido. Lucas solo conducía su auto privado cuando se encargaba de asuntos personales, y todos allí sabían que él casi nunca atendía «asuntos personales».

El auto salió de Villa Esmeralda, descendiendo de la cima de la colina por una larga avenida franqueada a ambos lados por plátanos de sombra, que se erguían aún más majestuosos con el contraste del hielo y la nieve.

Antes de salir, Valentina ya le había avisado que Sofía estaba cubriendo una entrevista en el Centro Internacional Laurel. Cuando él llegó, la conferencia aún no había terminado.

La plaza exterior del Centro Internacional Laurel estaba desierta.

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