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La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 586

Después de desayunar, Valentina vio a don Alberto acercarse con una caja en las manos.

La caja era un poco más grande que una hoja A4, de un diseño muy sencillo.

—Esto lo mandó el señor Joaquín, es su regalo de cumpleaños para Cachito.

Don Alberto le entregó la caja a Valentina.

Ella sabía que Diana de Correa había fallecido, y Joaquín Correa, aún siendo su esposo legalmente, no asistiría a la fiesta porque acaba de encargarse del funeral.

—¡Bebé, ven aquí! —Valentina hizo un gesto con la mano hacia Cachito, quien estaba jugando al frisbee con Capitán en la sala.

Cachito corrió hacia ella con sus piernitas, mirando la caja con curiosidad.

—Es de tu abuelo Joaquín.

—¡Buelo Aquín!

Valentina no pudo evitar reírse, aunque no tuvo prisa por corregirlo. El niño todavía no pronunciaba bien algunas consonantes.

De pronto, recordó cómo los niños en aquellas clásicas novelas siempre enredaban los nombres de cariño. Era un detalle tan auténtico de la vida.

—Mamá, abe —pidió Cachito señalando la caja.

Tenía un seguro que él no sabía quitar.

Valentina asintió, abrió la caja y se encontró con lo que parecía un título de propiedad.

Antes de que pudiera verlo con claridad, Cachito metió su manita, agarró el documento y empezó a abanicar el aire con él. Capitán se acercó corriendo y el aire que generaba el niño lo hizo entrecerrar los ojos.

—Esto no es un abanico —dijo Valentina con una sonrisa, tomando su manita y abriendo el título de propiedad.

Esperaba que fuera el título de una casa, pero Joaquín Correa le había regalado a Cachito toda una isla.

Sebastián acababa de entrar tras finalizar una llamada telefónica y vio el documento que Valentina había abierto.

—Si el tío Joaquín se lo dio, acéptalo. Cachito es el primer nieto de la familia Correa, es normal que los mayores lo consientan.

Él ya estaba al tanto del regalo, puesto que, al poner la isla a nombre del menor, él mismo había tenido que firmar como su tutor legal.

Valentina asintió. Para el nieto mayor de los Correa, recibir algo así era lo más habitual del mundo.

También sabía que el propio Sebastián había mandado construir un lujoso crucero para Cachito: el Transoceánico.

Hoy sería su viaje inaugural.

Sebastián no era un hombre ostentoso, y la magnitud de su amor hacia Cachito no solo provenía de su instinto paternal; cualquiera con un poco de percepción notaría que ese amor tan profundo también escondía otras intenciones.

El celular de Valentina sonó. Los oscuros ojos de Sebastián se clavaron en la pantalla, que mostraba el nombre: Mateo Solís.

—Mateo, ¿no estabas...?

Capítulo 586 1

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