Entrar Via

La obsesiva persecución de mi frío marido romance Capítulo 576

Valentina estaba igual de curiosa que Cachito desde el momento en que Gabriel metió la mano al bolsillo, preguntándose qué le regalaría al niño.

No es que le importara el regalo en sí, sino que la forma en que Gabriel rebuscó en su bolsillo la mantuvo en vilo.

Incluso Mateo, que iba conduciendo, le echó un vistazo curioso.

Y resulta que el tipo terminó haciéndole un anticuado corazón con los dedos.

Mateo sintió que la sangre le subía a la cabeza y exclamó: —Gabriel, si vuelves a intentar jugarme una broma tan vieja y patética...

Pero antes de que pudiera terminar, los otros tres dedos de la mano con la que Gabriel formaba el corazón se abrieron, revelando un delicado y antiguo reloj de bolsillo que quedó colgando.

El reloj se balanceaba suavemente de su cadena dorada, reflejando destellos resplandecientes bajo los rayos de sol que se filtraban por la ventana.

—Es para ti, amiguito.

Los grandes ojos redondos de Cachito se quedaron fijos en el reloj; parpadeó un par de veces y extendió sus regordetas manitas para tomarlo.

Valentina se acercó para observarlo de cerca.

Cuando Cachito abrió la tapa del reloj, dejó a la vista una esfera incrustada con rubíes; el diseño interior era increíblemente complejo y precioso, algo que ella jamás se hubiera imaginado.

—¿No será una herencia de tu familia? Esto es demasiado valioso.

El pequeño, que apenas iba a cumplir dos años, no tenía ni idea de lo que era, solo le parecía bonito y redondito, como los panecillos que el abuelito Alberto le preparaba.

—No es ninguna herencia. Es solo un reloj, ¿por qué habría de ser valioso? —Gabriel restó importancia con un gesto de la mano—. No le doy uso, y dejarlo por ahí acumulando polvo sería un desperdicio. Se lo doy como un juguetito, para que se divierta.

¿Para que se divierta?

Con un solo vistazo quedaba claro que ese reloj no era un objeto cualquiera.

Valentina sabía que Gabriel no era de los que presumían, pero incluso si ese reloj no era una antigüedad, seguramente valía una fortuna.

—¿Cuál es la historia detrás de esto?

Gabriel se apoyó en el asiento y cerró los ojos para descansar. —Hace muchos años, la primera vez que realicé una hipnosis, se la hice a mi profesor. Lo obligué a hacer un ridículo baile de los setenta. Cuando recuperó la conciencia, me lo regaló.

Para ser más exactos, el profesor estaba eufórico por haber descubierto a un genio como los que nacen uno cada cien años, pero a la vez furioso porque el joven se atrevió a hipnotizarlo a él, su maestro. Enfurecido, le había arrojado el reloj por la cabeza.

Y le había dicho que se largara.

Pero bueno, esos eran detalles menores que no importaban.

Desde los asientos traseros llegó la voz llena de curiosidad del niño: —Oh... mmm...

Cachito sacudió el reloj de bolsillo y la esfera emitió un sonido nítido y cristalino, muy agradable al oído.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La obsesiva persecución de mi frío marido