Para cuando León Valdés llegó apresurado a la entrada, listo para desafiar a la novata que había roto su récord, descubrió que ella ya se había ido.
Siguiendo las indicaciones que fue pidiendo por el camino, terminó por encontrarse con un grupo de personas bloqueando la salida de la Academia de Élite.
Al notar que entre la multitud estaba Yara, se detuvo, se arregló un poco la ropa, y luego se acercó.
—Yara, ¿por qué están todos aquí amontonados? ¿El sistema de seguridad falló o algo así?
Aún conmocionada, Yara volvió a la realidad al escuchar su voz.
Miró primero a Caleb, quien tenía el ceño fruncido, y luego a León, forzando una sonrisa:
—El sistema de seguridad está bien. Es que Roxana acaba de entrar y nos dejó tan asombrados que nos quedamos aquí parados sin saber qué hacer.
—¿Roxana? —León se extrañó al ver las caras raras de los demás, y preguntó—. ¿Te refieres a Roxana Soler?
Yara asintió:
—Sí, ella misma.
Al mencionar a la rebelde de Roxana, el atractivo rostro de Caleb se crispó:
—Pero no sabemos en qué clase la pondrán. León, rompió tu récord, así que es muy probable que termine en tu clase.
León también se sorprendió. Sabía que superar su marca no era nada fácil, pero tampoco era suficiente para obtener el pase directo a la Academia de Élite.
Y no pudo evitar preguntar:
—Yara, ¿no se supone que ella entró por tu recomendación? ¿Acaso no sabes por qué logró entrar a la Academia de Élite?
Al sentir todas las miradas sobre ella, los ojos de Yara parecían escupir fuego por el odio.
Apretó los dientes, se tragó su enojo con gran esfuerzo y soltó una risa amarga:
—Yo tampoco lo sé. Hice los trámites para que entrara en las facultades normales. Si no fuera por eso, no le habría preguntado hace un momento si se había equivocado de lugar.


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