Al escuchar semejante discurso, una mueca de puro sarcasmo se dibujó en el delicado rostro de Roxana.
Paseó su mirada por el grupo de aduladores que respaldaba a Yara y soltó un bufido despectivo.
—¿En qué momento dije que no quería hacer la prueba?
El murmullo de quejas y críticas se apagó de golpe.
La mirada gélida y penetrante de Roxana los examinó uno a uno.
Algunos sintieron una repentina culpa, pero el orgullo les impidió dar su brazo a torcer.
—Pero... si hace un momento tú misma dijiste...
—¿Qué dije? —la interrumpió Roxana de tajo.
La chica que había intentado reclamarle se quedó pasmada, sin encontrar las palabras para responder.
Era cierto. Si lo pensaban bien, Roxana jamás había dicho que se negaría a hacer la prueba de aptitud física. Entonces... ¿por qué todos habían asumido automáticamente que iba a echarse para atrás?
Un silencio sepulcral cayó sobre el ambiente.
De pronto, alguien se atrevió a alzar la voz.
—Bueno, entonces, ¡si vas a hacerlo, dilo de una buena vez y ya!
Yara miró de reojo a la persona que había hablado. Era una de sus «amigas» incondicionales. Una sonrisa casi imperceptible asomó a sus labios rojos mientras le enviaba una mirada de total aprobación.
Esa amiga, captando el mensaje al vuelo, no dudó en volver a arremeter contra Roxana.
—Llevamos un buen rato hablándote y no decías nada, ¡es obvio que planeabas negarte! Como te acorralamos y no te quedó de otra, ahora dices que aceptas, pero lo haces haciéndote la víctima, como si el problema fuera que nosotros no te escuchamos. Vaya, tienes la lengua bien afilada. ¡No sabía que el ciclo introductorio estaba admitiendo a este tipo de «joyitas» víboras!
Con esas palabras, la tensión volvió a estallar. Era como si todos hubieran encontrado la excusa perfecta para desahogar su indignación.
Y, como era de esperarse, los insultos fueron aún más crueles que antes.
—Dicen que las apariencias engañan, ¡y vaya que sí! ¡Se ve tan joven, pero está llena de mañas y veneno!
—Pobre de nuestra diosa Yara, tener que cargar con una oportunista de lo peor. A saber las humillaciones que le hará pasar esta tipa en el futuro.
—¡¿De verdad creen que una manipuladora así merece estar en la Universidad del Sur?! ¡Propongo que juntemos firmas hoy mismo para que la expulsen!
—¡Cuenta con mi firma! ¡Nadie se mete con la diosa Yara en nuestra guardia!
Yara fingió un rostro de preocupación y dolor, defendiendo débilmente a Roxana frente a la multitud, pero sus ojos destilaban una satisfacción sádica que apenas lograba disimular.

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