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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 71

Cuando Roxana Soler y Marina Montes de Soler bajaron las escaleras, vieron a Yara Soler y Elba Llorens sumamente emocionadas, pidiéndole al empleado de la tienda que sacara las joyas que estaban guardadas en la caja fuerte.

—Elba, ¿vas a comprar todo esto? —Marina frunció ligeramente el ceño.

Aunque a la familia Llorens no le faltaba dinero, la enfermedad de Luisa Soler consumía una inmensa fortuna tan solo en medicamentos. No habían logrado conseguir el Elíxir de Renovación, y a Marina le parecía el colmo que Elba estuviera gastando dinero sin control en joyas tan costosas.

Elba no percibió el tono de desaprobación y asintió mientras seguía eligiendo piezas.

—Sí, tía Marina. El gerente acaba de decir que hoy tienen un descuento del cincuenta por ciento. Oportunidades así no se ven todos los días, ¿no quiere escoger algo usted también?

—¿El cincuenta por ciento? —Marina se sorprendió.

Llevaba años siendo clienta de Maison Milán, y aunque alguna vez le había tocado un descuento, nunca pasaba del veinte por ciento. Jamás había escuchado de una rebaja a la mitad del precio.

Yara notó la incredulidad en su madre y se apresuró a confirmar:

—Mamá, es verdad. El gerente está allá mismo. Dijo que cualquier cliente cuyo apellido contenga la letra R puede disfrutar de este descuento.

Al escuchar eso, Roxana comprendió de inmediato que aquello debía ser obra de su representante. Sin embargo, la excusa le pareció demasiado rebuscada. Como nadie más parecía sospechar, decidió no decir nada.

Por supuesto, Marina no dejaría pasar una oportunidad así. Tomó a Roxana de la mano.

—Roxana, no alcanzaste a ver el primer piso. Ven, mamá te comprará un par de cosas más.

Roxana no pudo resistirse al entusiasmo de Marina y se dejó llevar hasta el mostrador. Yara y Elba miraron de reojo al empleado que iba detrás de Roxana, quien ya cargaba unas cinco o seis bolsas, y sintieron un nudo de envidia en el estómago al ver que Marina todavía quería comprarle más cosas.

Darío Soler, que acababa de entrar tras atender una llamada, vio la escena: cajas apiladas en el suelo y su madre ordenando a los empleados que sacaran otros modelos. Por más preparado que estuviera para un día de compras, la magnitud del asunto lo dejó pasmado.

—Mamá, ¿todavía no han terminado con las compras?

Marina, que estaba midiendo distintos broches de diamantes en el cabello de Roxana, soltó un bufido al escucharlo.

Capítulo 71 1

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