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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 60

Yara conocía muy bien el temperamento de Darío. Aunque siempre parecía un tipo amable y comprensivo, en el fondo era alguien con quien no se debía jugar. Una vez que lo hacían enojar, las consecuencias eran aterradoras.

Roxana, al notar que Darío estaba a punto de ajustar cuentas con Luisa y Elba, se mantuvo en silencio con expresión neutral.

Ya fuera que lo hiciera para defenderla a ella o para quitarles un peso de encima a sus padres, no le importaba en absoluto.

Lo único que le importaba era si ese par de oportunistas saldrían enteras de la casa o si tendrían que llevárselas en camilla.

«¡Atreverse a golpear a mi madre frente a mí! ¡Esas dos tienen prisa por irse al otro mundo!», pensó Roxana.

Al girar la cabeza, vio a Marina con una expresión de preocupación, probablemente dudando si dejar que Darío llegara a los extremos o si era mejor dejar las cosas como estaban para evitar un escándalo mayor.

Roxana extendió la mano y frotó suavemente el brazo de su madre.

—No te preocupes. Todo estará bien.

Marina se sorprendió un poco, pero enseguida sintió que el corazón se le llenaba de calidez. Cubrió la mano de su hija con la suya, mirándola con profundo amor.

—Sí, mamá no se preocupa. Si mi niña dice que todo estará bien, es porque así será.

Ese contacto le resultó familiar, aunque al mismo tiempo desconocido para Roxana, pero indudablemente cálido y protector.

Esta vez, Roxana no sintió ninguna incomodidad y solo miró a Marina con detenimiento.

¿Así que esto era lo que se sentía tener una madre?

Yara, al ver esa conexión, no quiso quedarse atrás. Se acercó rápidamente y se aferró al otro brazo de Marina.

—Mamá, Roxana tiene razón. Darío se encargará de poner todo en orden.

Marina frunció el ceño imperceptiblemente, sin molestarse en ocultar el desagrado en sus ojos.

La vida de Marina siempre había sido un mar de tranquilidad, protegida por el amor de su esposo y la armonía de su familia. Vivía rodeada de tanto amor que casi podría decirse que vivía en una burbuja.

Pero no era ninguna ingenua. Con su edad y experiencia, conocía perfectamente las intrigas, puñaladas por la espalda y bajezas típicas de las grandes familias de élite. Por lo tanto, no estaba libre de sospechas.

Capítulo 60 1

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