Luisa había calculado exactamente hacia dónde lanzarse. Solo necesitaba chocar contra Marina para hacer caer también a Roxana, y en el revuelo, aprovecharía para rasguñarle la cara.
Incluso si no lograba desahogar toda su furia, se aseguraría de que Roxana pagara caro.
Sabía que, por mucho escándalo que se armara, su hermano siempre terminaba cediendo. A lo sumo la reprendería un poco, pero nada grave. Para ella, el riesgo valía la pena.
Roxana vio venir la jugada. De un vistazo rápido notó que detrás de ellas había una pesada mesa de centro de caoba. Si Luisa lograba derribar a su madre, el golpe contra la madera maciza la lastimaría seriamente.
En un rápido movimiento, Roxana invirtió el agarre, tomó a Marina de la mano y tiró de ella hacia su lado, esquivando justo a tiempo a Luisa, que venía como un tren sin frenos.
Luisa se dio cuenta de que iba a fallar, pero ya iba con demasiado impulso. Intentó frenar para no estrellarse contra la mesa de caoba, pero fue inútil.
—¡Ah! —Un grito ahogado llenó la sala.
Luisa terminó desparramada en el suelo. El dolor era tan insoportable que solo pudo gemir de agonía entre dientes.
—¡Mamá!
Elba, aterrada al ver que su madre había fallado el golpe y se había estrellado contra la mesa, corrió a socorrerla.
Al acercarse, vio la sangre roja y espesa que escurría por entre los dedos de su madre. Pálida como el papel, se arrodilló para revisarla.
—¡Mamá! ¿Dónde te duele?
El mentón de Luisa había impactado directamente contra la madera, y del golpe se había mordido los labios. El dolor era tan agudo que no podía hablar, solo emitía sonidos ahogados mientras negaba con la cabeza.
Rafael, que un segundo antes estaba a punto de gritarle, al ver sus manos manchadas de sangre, le ordenó de inmediato al mayordomo que llamara al doctor de la familia y trajera el botiquín de primeros auxilios.
—Papá, yo sé algo de primeros auxilios. Déjame ayudar a limpiar la herida de mi tía —se ofreció Yara apenas vio al mayordomo acercarse con el botiquín.
Luisa se apartó las manos del rostro. La mitad de su cara estaba cubierta de sangre; la escena era espeluznante.



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