A pesar de sus esfuerzos por cubrirse, tres de los hombres ya presentaban heridas de bala que los habían atravesado.
A simple vista no parecía grave, pero en el suelo donde estaban de pie ya se había formado un pequeño charco de sangre.
Los otros dos hombres estaban atrapados en un combate cuerpo a cuerpo con la mujer vestida de negro y cabello rojo, incapaces de acercarse a brindar apoyo.
—¡Jefe! —Al ver que la situación era crítica, los otros cuatro sombras, que habían llegado con Roxana, se dispusieron a salir corriendo hacia el frente.
Pero Roxana los detuvo de golpe.
—¡Ahí adelante está el perímetro del francotirador! ¡Si corren a lo ciego, solo van a morir!
Al escuchar esto, los cuatro hombres contuvieron su impulso a la fuerza.
—¿Tiene un plan mejor, señorita Roxana?
Roxana analizó el terreno y señaló la espesa vegetación que rodeaba el área.
—¿Tienen forma de acercarse a la posición del francotirador sin ser detectados?
Los hombres miraron la ladera de la montaña, a unos cien metros de distancia, y sus rostros reflejaron la dificultad del plan.
—Aunque hay bastante maleza, moverse hasta allá sin hacer ruido es muy difícil. La distancia es demasiada y lo más probable es que nos descubran antes de llegar.
Roxana observó detenidamente la situación. El francotirador tenía el ángulo perfecto para asesinar a Valeriano, pero no lo había hecho. En lugar de eso, estaba jugando al gato y al ratón.
Era evidente que su objetivo principal no era matarlo, entonces... ¿por qué lo seguían atacando de esa forma?
De repente, sus ojos se fijaron en el cofre negro que Valeriano sostenía con fuerza. Todo cobró sentido y formuló un plan en su mente.
Calculando mentalmente el ritmo de disparo y los intervalos del francotirador, les susurró a los cuatro hombres:
—A la cuenta de tres, quiero que corran desde cuatro direcciones distintas para distraerlo. Luego, muévanse rápidamente hacia el auto, rompan cualquier objeto que pueda reflejar la luz y apunten el brillo hacia las siete en punto de la posición del francotirador. ¡Recuerden, tienen que ser rápidos!
Los cuatro entendieron el objetivo y asintieron con determinación.
—Tres... dos... uno. ¡Ahora!
Como si fueran fantasmas, los hombres salieron disparados desde el bosque. Roxana esperó dos segundos más y luego se lanzó a toda velocidad hacia donde estaba Valeriano.
Alonso, encargado de la cobertura de francotirador, notó que cuatro sombras emergían del bosque, arruinando su diversión. Rápidamente giró el rifle y apuntó a uno de ellos.
¡Bang!

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