Roxana se dirigió primero al Centro de Desarrollo Phoenix, donde convocó una reunión relámpago de diez minutos para reorganizar las prioridades del equipo para el resto del semestre.
Al terminar, retuvo a Adrián y le indicó que fuera directamente a Villa Ensenada a esperarla la noche siguiente.
Adrián sabía que la Jefa nunca le pediría algo así a menos que fuera un asunto de vida o muerte, así que asintió sin hacer preguntas.
Con todo preparado, Roxana llamó por teléfono a Valeriano Sandoval.
Valeriano estaba en medio de una junta ejecutiva, pero al ver que la llamada entrante era de ella, ordenó con un gesto tajante que todos guardaran silencio.
Su rostro, habitualmente frío e inquebrantable, se suavizó por completo.
—¿Qué sucede?
Leandro, que estaba de pie a su lado, notó el cambio radical en el tono de voz de su jefe y movió los ojos de reojo, consumido por la curiosidad.
En la enorme sala de conferencias, los altos directivos cruzaron miradas cómplices al notar la reacción de Leandro.
Discretamente, abrieron el chat grupal y dejaron que el espíritu del chisme los poseyera.
[ @Leandro, ¿de quién es la llamada que está contestando el Jefe? ]
[ ¿Es hombre o mujer? ]
[ Obviamente es mujer, ¿cuándo han escuchado al Señor Sandoval hablar con tanta ternura? ]
[ @Leandro, ¡avienta el chisme, no te hagas! ]
Ese grupo de chat había sido creado por Leandro específicamente para dar avisos urgentes a los ejecutivos. Valeriano no estaba en él, así que todos hablaban sin filtro.
Como Leandro tenía el celular en silencio, no sentía la desesperación del grupo y seguía concentrado en escuchar la conversación.
A través del auricular, Roxana notó un eco sutil en el ambiente y preguntó de inmediato:
—¿Estás trabajando?
Valeriano frunció ligeramente el ceño. Sus ojos gélidos barrieron la sala de conferencias, como dagas de hielo.
Los ejecutivos se tensaron y contuvieron la respiración al instante.
Entonces, él respondió en voz baja:
—Estoy en una reunión de rutina, pero no pasa nada, dime.
Roxana también estaba acostumbrada a dirigir juntas, solo que ella lo hacía a través del celular, por lo que sabía lo molesto que era que te interrumpieran.

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