—¡Esto es el colmo del descaro! ¡Casi perdemos la vida por su negligencia y ni siquiera son capaces de darnos una compensación digna! ¡Perfecto! Entonces, en este mismo instante, todos iremos en masa al ministerio de salud para poner una denuncia formal. Haremos que investiguen a fondo sus cadenas de suministro y los permisos de todos sus productos. ¡No me extrañaría que terminaran clausurando este lugar mañana mismo!
Estaban convencidos de que ninguna empresa ni laboratorio tenía las manos completamente limpias.
El Centro de Desarrollo Phoenix apenas y figuraba en Puerto Esperanza, pero de alguna manera se relacionaba con familias ultra poderosas. Seguro había un montón de sobornos y lavado de dinero de por medio.
Los que antes dudaban y estaban dispuestos a aceptar las Cápsulas de Vitalidad cambiaron de opinión al instante, sintiéndose estúpidos por pedir tan poco.
Si el Centro Phoenix lograba relacionarse con gente de la élite, debía de tener un botín inmenso guardado.
Quizás esta era la única oportunidad en toda su vida para conseguir un tesoro invaluable sin esfuerzo.
La avaricia los cegó y decidieron maximizar el chantaje.
Así, la multitud comenzó a hacer eco de las amenazas.
Al ver que el escándalo se descontrolaba, Adrián se puso lívido.
—¿Quieren arrebatarme el Hongo de Vida Eterna de mis manos? ¿Tienen el valor para intentarlo?
Valeriano, sentado majestuosamente en su silla de ruedas, dejó caer una mirada ensombrecida y aterradora sobre la multitud. Su aura se volvió tan abrumadora e implacable que el aire a su alrededor parecía congelarse.
Todos retrocedieron instintivamente, intimidados. En ese momento, no parecía un hombre discapacitado, sino un monarca implacable sentado en la cima de una montaña, mirando a los insectos a sus pies.
Yara Soler, al ver a la muchedumbre hostil rodeándolos, sentía el corazón desbocado por el pánico.
Pero al ver que Valeriano había silenciado a todo el público con una sola frase, se llenó de asombro y adoración profunda.
Notó que Roxana y Marina estaban cerca de la multitud, pero prefirió ignorarlas y retrocedió sola para esconderse detrás del perímetro de los hombres de Valeriano.
Tanto Valeriano como Leandro notaron su movimiento. Leandro le hizo una señal para preguntar si querían moverse de lugar. Valeriano buscó con la mirada a Roxana y, al verla tranquila y sin una pizca de miedo, le indicó a Leandro que se quedaran donde estaban.
Evidentemente, nadie en su sano juicio se atrevería a robarle nada a Valeriano, por lo que toda la furia se desvió nuevamente hacia Adrián.
Abruptamente dejaron de mirar al líder de los Sandoval y comenzaron a hostigar al director del centro.

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