No obstante, al recordar que Valeriano había intervenido de forma heroica para detener a esos dos despiadados asesinos, permitiéndoles escapar con vida, la mayoría estuvo de acuerdo.
De hecho, al ver que Valeriano había sido el último en evacuar, muchos pensaron que era más que justo. Si estuvieran en el lugar del centro, probablemente se lo habrían regalado sin siquiera cobrar ese millón de pesos.
El Centro Phoenix demostró estar a la altura de las circunstancias.
Sin embargo, incluso en ese momento, las voces discordantes no se hicieron esperar.
Hubo quienes sugirieron que todo era un arreglo encubierto entre el Centro Phoenix y Valeriano, y que los habían tratado a todos como peones.
Aunque la subasta estaba orientada a la élite más exclusiva, algunas familias de segunda o tercera categoría se las habían arreglado para colarse a través de conexiones y favores.
Entre ellos estaban la familia Sarmiento, la familia Mota, y aquellos que llegaron apadrinados por los Mota.
Ahora que estaban a salvo, en lugar de agradecer que Valeriano los hubiera salvado, comenzaron a agitar a la gente en contra del Centro de Desarrollo Phoenix, acusándolos de negligencia y de jugar con sus vidas, exigiendo indemnizaciones millonarias.
Al principio, casi nadie les hizo caso. Pero cuando corrió el rumor de que el Centro Phoenix iba a vender el Hongo de Vida Eterna —valorado en cientos de millones— a Valeriano por un insignificante millón de pesos, la codicia despertó al monstruo.
Si el Hongo hubiera seguido con su precio inicial inalcanzable, lo habrían dejado pasar; pero al enterarse de que costaba solo un millón, todo cambió.
Todos ellos eran multimillonarios en Puerto Esperanza; un millón de pesos era lo que gastaban en un bolso de diseñador o en un reloj.
Sintieron que tenían derecho a pelear por esa oportunidad.
Como no tenían el valor de enfrentarse al todopoderoso Valeriano Sandoval, decidieron dirigir toda su hostilidad hacia el Centro Phoenix, considerándolo una presa fácil.
Incluso antes de que Valeriano pudiera darle una respuesta a Adrián, un grupo iracundo se abalanzó sobre ellos.

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