—¡A la madre! ¡A la madre! ¡Ser juez del Certamen Internacional Bach antes de cumplir los dieciocho! ¡Qué locura de genio!
—¡Y tres premios internacionales! ¡Dios mío, yo ni siquiera he ido a un concurso nacional y ya me siento como basura al lado de ella!
—Una pieza tan grandiosa y poderosa... me cuesta creer que sea una improvisación de una adolescente.
—¡Eso no es solo tener talento! ¡Es como si Dios mismo le hubiera regalado todo el talento del mundo!
—Buaaa, no voy a decir quién se está muriendo de la envidia ahora mismo. ¿Por qué la vida es tan injusta?
—¡Y pensar que de verdad creí que a Marco le había llegado una iluminación divina para escribir esto! ¡Qué payaso quedé!
—Esto no es un simple plagio. ¿No recuerdan lo que dijo Silvano? Él descargó la melodía del Foro Internacional de Música. Para no confundir el original con sus propios arreglos, hizo dos versiones de la partitura. ¡A mí me huele a que la partitura que Marco les entregó a los jueces se la robó directamente a Silvano!
Un sonido ahogado de sorpresa recorrió el vestíbulo.
—Si eso es cierto, ¡es una bajeza total!
—No solo es una bajeza, ¡es un delito! Robar una partitura, hacerse la víctima y acusar al verdadero dueño de plagio. ¡Eso es pasarse de la raya!
—Sí, y no solo eso. Quiso seguir con la mentira incluso frente al rector. Dudo mucho que pueda seguir en la Universidad del Sur después de esto.
La indignación crecía como la espuma entre los estudiantes.
Yara, con los ojos inyectados de odio, se clavó las uñas en las palmas de las manos.
«¿Toda la esperanza que había construido se iba a desvanecer así de fácil?»
«¡Marco es un completo inútil!»
Parecía que tendría que ensuciarse las manos y encargarse de esto ella misma.
***
Marco, tras ser humillado dos veces seguidas por Don Abelardo, estaba tan aterrado que no podía articular palabra.
El director, que no se esperaba que fuera el rector quien destapara la farsa, se apresuró a intervenir:


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