—Miren, esa chica es realmente hermosa, creo que es incluso más linda que Yara Soler, la Reina Yara de nuestra facultad.
—Oye, ¿no es esa Roxana Soler, la del rumor con el rector? Sí es muy bonita, pero aparte de esa cara no tiene nada más que ofrecer.
—No creas, escuché que en su primer día de clases rompió el récord de León Valdés, el campeón de atletismo, y luego le dio una paliza en la cafetería a unos que se burlaron de ella. Seguro sabe pelear.
—Por favor, esto es una universidad, no un gimnasio de artes marciales. ¿De qué le sirve saber pelear?
—Pues yo sigo pensando que es increíble. Siendo nueva, aprobó el examen teórico a la primera y consiguió el pase para la segunda ronda de la Academia de Élite. ¡A mí me tomó dos años llegar hasta aquí!
—Cierto. Dicen que intentó entregar el examen antes de tiempo, y como no la dejaron, se puso a dormir en pleno salón y luego respondió todo.
—¿De verdad? Qué arrogante. Recuerden que ella es de la Clase 1. Ahí está Caleb, que el año pasado quedó en primer lugar con una diferencia de treinta puntos sobre la Reina Yara. ¿Cómo se atreve una novata a dormirse en un ambiente tan competitivo? ¿De dónde saca tanto atrevimiento?
—Para mí que no es tan buena como dicen, seguro sabe cómo aprovechar sus... ventajas. Y ya saben a qué tipo de ventajas me refiero.
—¡Shh! Cállate, ¿quieres que te suspendan? ¡No nos metas en problemas!
—Exacto, Don Abelardo es una eminencia en la investigación, jamás haría algo que vaya en contra de la ética. ¡Dejen de inventar rumores o les va a costar caro!
...
En realidad, Roxana escuchaba todos esos comentarios, pero no le importaban en lo absoluto.
Las habilidades demostraban la actitud.
Una vez que terminara el examen, todos esos rumores se caerían por su propio peso.
—¡Miren, llegaron Caleb y la Reina Yara! —exclamó alguien de repente.
Todos miraron hacia la puerta, muchos con sonrisas de envidia y admiración.
—Caleb hace honor a ser el sobrino nieto de Don Abelardo. No solo es guapo y de buena familia, ¡sino que tiene muchísimo encanto!
—Nuestra Reina Yara tampoco se queda atrás. Es la única que logró entrar al Concurso de Música Dorada. Solo una chica tan excepcional como ella es digna de alguien tan perfecto como Caleb.
—¡Dios mío, me muero de amor! ¡Son el vivo ejemplo de mi relación ideal!
—¿No había alguien diciendo hace un rato que esa novata era más bonita que la Reina Yara? Para mí, no le llega ni a los talones.

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