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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 157

A Roxana no le importaba la famosa lista. Terminó su almuerzo y se dirigió a la salida.

Pero para su mala suerte, apenas cruzó la puerta se topó de frente con el grupito de Yara.

Yara caminaba en el centro, rodeada por varios estudiantes, con Brenda y Marco Sarmiento escoltándola a cada lado, como un par de perros guardianes.

Roxana no quería lidiar con ellos y trató de esquivarlos.

—¡Roxana, no tan rápido! ¡Yara tiene algo que decirte! —le bloqueó el paso Brenda.

Roxana la fulminó con la mirada.

—¿Y si ella quiere hablar, yo tengo que escucharla? Los perros buenos no estorban. Muévete.

—¡Roxana! ¡¿A quién llamas perro?! —estalló Brenda, con el rostro rojo de ira.

Yara decidió intervenir con voz dulce:

—Roxana, no malinterpretes. Brenda sabía que yo quería hablar contigo y por eso te detuvo. No lo hizo con mala intención.

Roxana la miró y escupió tres palabras gélidas:

—Habla de una vez.

La sonrisa de Yara se tensó. La furia burbujeaba en su interior, pero se contuvo.

—Roxana, solo quería darte un consejo. Aunque tienes talento musical, jamás has ganado un premio oficial. Te sugiero que no te arriesgues eligiendo música en la prueba práctica. Si fallas, no habrá vuelta atrás.

Yara no había olvidado el día que Roxana llegó a Veridia y tocó aquella pieza musical compleja. Temía que la historia se repitiera en la universidad, por lo que buscaba ahuyentarla de su territorio a como diera lugar.

Roxana captó el mensaje de inmediato.

—¿Acaso tienes miedo de que te humille en lo que se supone es tu especialidad?

Yara palideció al quedar en evidencia.

Los demás, ignorantes del verdadero nivel de Roxana y creyendo el rumor de que le había robado la composición a Marco, soltaron carcajadas.

—¡Qué chiste! ¡Una inútil plagiadora desafiando a la Reina Yara! ¿Escuché bien?

—Qué mujer tan desagradable. Si no fuera por los contactos de la Reina Yara, esta pueblerina seguiría en medio de la nada. En lugar de agradecerle, ¡quiere competir con ella! ¡Qué ridícula!

Los ojos de Roxana recorrieron al grupo con una frialdad cortante.

—¿Qué pasa? ¿Todos ustedes son los perros falderos de Yara? ¿Tienen que morder a cualquiera que pase?

—¡Maldita perra! ¡¿A quién le dices eso?! —Cristóbal, un bravucón del grupo, se arremangó y dio un paso al frente. Sus amigos lo detuvieron.

—¡Cristóbal, cálmate! ¿Olvidaste que la última vez le provocó una fractura a un tipo?

Capítulo 157 1

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