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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 123

Lidia parpadeó un par de veces, incrédula, antes de estallar de rabia.

—Roxana, ¿quién te crees que eres para decir que el Rector vendrá solo porque lo llamas? ¿Acaso crees que es tu empleado?

Roxana la miró de reojo.

—¿Y cómo sabe usted que no lo es?

—¡Pff! —Varios se quedaron sin aliento y contuvieron la respiración.

Braulio, que al principio se había ofrecido a ayudar con los archivos, retrocedió espantado al escuchar semejante blasfemia.

Definitivamente, era mejor mantenerse alejado de alguien con un tornillo suelto.

Caleb se indignó aún más.

—¡Roxana! Mi tío abuelo ha dedicado más de la mitad de su vida a las ciencias biológicas, ganando un sinfín de honores. ¿Cómo te atreves a faltarle el respeto así?

¡Y pensar que hace un momento la había defendido!

¡Qué mujer tan malagradecida!

Brenda también alzó la voz para regañarla.

—Roxana, Don Abelardo fue quien te ayudó a entrar. Si no tienes la decencia de ser agradecida, al menos no deberías manchar su nombre de esta manera.

Roxana se encogió de hombros, resignada.

Definitivamente, a veces era mejor no decir la verdad; la sinceridad les dolía más que las mentiras.

—¿A qué viene tanto alboroto? —resonó de pronto una voz profunda y rasposa.

Todos giraron la cabeza al unísono. Ahí estaba Don Abelardo, con su cabello canoso y una postura llena de vitalidad, caminando a paso firme hacia ellos.

Detrás de él venían el director de la facultad y un profesor joven de facciones atractivas y aspecto intelectual.

Caleb se quedó boquiabierto. Su tío abuelo, a quien nadie podía mover de su laboratorio, realmente había venido.

Yara sintió un nudo en el estómago.

Le resultaba imposible aceptar que una figura tan imponente como Don Abelardo hubiera acudido al simple llamado telefónico de Roxana.

¿Qué clase de relación oculta tenían esos dos?

Capítulo 123 1

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